OC 20 – Espacios Culturales de Chile


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Museo La Ligua

Por Sección Estadísticas Culturales

Con una fuerte impronta en la participación, la educación y la relación con la comunidad local, el Museo La Ligua se ha posicionado como un importante espacio de reconocimiento, encuentro y rescate patrimonial para la provincia de Petorca

La experiencia del Museo La Ligua nos permite indagar en dos aspectos de vital trascendencia con la intención de transformar los espacios museísticos en lugares reconocidamente vivos para su comunidad y entorno. Las características de su gestión museal y de integración con la comunidad resultarán relevantes al destacar su historia y presencia en la comuna, buscando resaltar las acciones destinadas a la dotación de un espacio comunal observado como articulador para la construcción de una imagen local.

El Museo La Ligua, inaugurado el 29 de noviembre de 1985, nace de la Academia de Arqueología Yacas, grupo que desarrolla a fines de la década de los setenta y los ochenta una importante labor educativa y de rescate patrimonial, inédita para la época, que permitió la formación de gran parte de la colección que actualmente se exhibe en la exposición permanente. A comienzos de los noventa comienza a orientar su misión hacia una institución de naturaleza histórica, enfatizando el interés por reconstruir la prehistoria e historia local de La Ligua. Sus colecciones corresponden principalmente a piezas y objetos arqueológicos, históricos y etnográficos provenientes de toda la provincia de Petorca, testimonios que conectan con un largo y milenario proceso de desarrollo cultural, que abarca desde los primeros grupos de cazadores-recolectores del periodo arcaico, que otrora ocuparon el territorio, hasta nuestros días. La exposición permanente se centra en el patrimonio local destacando la puesta en valor del patrimonio precolombino de la zona junto con las tradiciones culturales más genuinas, tales como la religiosidad popular, el tejido, los dulces, la memoria y oralidad de las comunidades y la minería artesanal. Actualmente el museo orienta su labor en potenciar y consolidar su rol social y educativo en la región con el fin de contribuir en el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de su territorio. El museo se encuentra en la ruta que une el centro urbano de La Ligua con la localidad de Valle Hermoso, famosa por sus tejidos.

 OC: ¿Qué motivó la habilitación y apertura del museo? ¿Cómo evalúan su evolución?

 R: El Museo La Ligua nace como un sueño colectivo atesorado por largos años —durante la década de los ochentas—, por una generación de jóvenes estudiantes de la provincia de Petorca. En la Academia de Arqueología Yacas (del ex Liceo B1, actual Pulmahue) el querido “profe” Arturo Quezada, reúne un grupo de alumnos, y juntos comienzan un inédito y genuino trabajo de rescate patrimonial, orientado al encuentro con el legado precolombino de la zona.

 Dicha labor —que comenzó en 1977 y se prolongó hasta fines de los ochenta—, tuvo como resultado una gran visibilización pública que destacó a nivel regional, especialmente en el ámbito educacional; y por la adquisición de una importante colección arqueológica representativa de la prehistoria regional. Las autoridades comunales de la época comenzaron a mostrar interés en apoyar la creación de un Museo para La Ligua, no solo como un espacio de exhibición y resguardo, sino como un lugar para el encuentro de la comunidad con el arte y la cultura local. La alcaldesa de la época, Gloria Yagüe, decidió destinar el antiguo edificio del ex matadero de la ciudad. Posteriormente con fondos del Ministerio de Educación se realizó una remodelación a cargo de los arquitectos Pablo Burchard y Fernando Basilio, quienes le brindan un sello acogedor al museo con identidad local. El financiamiento para la mantención ha sido el mayor obstáculo que ha enfrentado el museo, situación que afronta la mayoría de estos espacios en el país, especialmente los que pertenecen a los municipios. Sin embargo, su vocación comunitaria y pública, ha permitido mantenerlo vigente con un importante reconocimiento de la comunidad. El Museo de la Ligua tiene un fuerte sello social y educativo, lo que ha sido reconocido por sus pares en el país, y resguardado con celo por quienes trabajan aquí.

 OC: Con respeto al financiamiento de sus actividades y del museo, ¿de qué manera se financió la obra de habilitación del museo? ¿Cómo financian y gestionan sus actividades en la actualidad?

 R: Como museo municipal gran parte de la programación cultural es asumida por la Municipalidad de La Ligua. Contamos para ello con un presupuesto anual de aproximadamente tres millones de pesos. Sin embargo, para los gastos permanentes (sueldos, pago de servicios básicos y mantención) el municipio aporta con más de 40 millones, un aporte importante para nuestra realidad provincial, que contribuye al desarrollo de la cultura local. La municipalidad además cuenta con una biblioteca pública y un conservatorio de música. Los aportes económicos se tornan cada vez más escasos ya que el número de exposiciones, charlas, talleres y encuentros comunitarios, aumentan cada año debido al interés de la comunidad. Por esta razón, se destina tiempo y recursos para participar en todos los fondo concursables disponibles, incluido los extranjeros. El museo cuenta con un buen equipo que ha permitido gestionar, especialmente los fondos públicos que otorga el CNCA, para enfrentar la nutrida programación cultural que se organiza anualmente. El enfoque es desarrollar iniciativas con continuidad y proyección para la labor museal, de modo de optimizar al máximo los recursos financieros gestionados. La experiencia con el sector privado es escasa. En contadas ocasiones se ha conseguido aportes de alguna empresa de la zona, esto demuestra el poco interés que existe por la responsabilidad empresarial en el desarrollo de los territorios donde realizan su actividad productiva. Falta conciencia en el mundo privado de que invertir en cultura no solo beneficia a quien solicita, sino que a ellos mismos, ya que ser un buen vecino ayudaría al desarrollo de sus actividades económicas, con el consiguiente cuidado del entorno. Por lo pronto se ha invitado a algunas empresas de La Ligua, que se identifican con la comuna, a participar de las actividades del museo.

Hay un interés por gestionar aportes financieros permanentes, y no intermitentes como ha sido hasta el momento. Se está elaborando una propuesta para que las marcas auspiciadoras sean percibidas positivamente por la comunidad, como un real aporte al desarrollo cultural local, y con ello contribuir a fidelizar aún más a sus clientes. Estos nuevos recursos se destinarían a financiar el plan de promoción de las exposiciones temporales del museo y, además, se está gestionando un convenio con una fundación que trabaja con distintas empresas en la región, lo que podría significar el aporte de recursos frescos. Se debe resaltar el trabajo colaborativo del museo con instituciones amigas, labor que ha generado enormes beneficios para el desarrollo de las actividades, y que ha significado una excelente estrategia para el fortalecimiento de la labor de la institución cultural. La inversión inicial del museo realizada entre 1984 y 1985 fue de $2.500.000 de la época, recursos que fueron aportados por el Ministerio de Educación.

OC: Nos gustaría profundizar respecto de la gestión que ha realizado el museo, en concreto sobre la estrecha relación que se ha mantenido con la comunidad local y su sello en lo social y educativo. ¿Cómo se ha generado esta relación? ¿Qué estrategias tiene el museo para estos fines?

 R: Desde sus orígenes el museo ha centrado su interés en estrechar lazos con la comunidad. En este proceso, quienes han tenido el privilegio de trabajar en la institución han demostrado un profundo interés por buscar formas de darle protagonismo a la comunidad, a través de sus organizaciones, en la creación de las políticas culturales del museo. En una primera instancia, antes de la existencia del museo, la acción cultural de la Academia de Arqueología Yacas reunió a muchos jóvenes que se impregnaron de identidad local y legado precolombino; posteriormente los talleres de arte, como El Panal y Zafarrancho, orientado a los niños y niñas, permitieron que la comunidad participara de la vida cultural del museo. Durante la década de los noventa, el museo concentró sus esfuerzos a consolidarse como un importante centro cultural y de investigación. Destaca como apuesta de difusión la Revista de Estudios Regionales Valles, que publica cada año numerosos trabajos sobre prehistoria, patrimonio e historia regional, visibilizando al museo en centros de estudio y universidades del país. Durante la última década se reorientó la gestión para consolidarse como un lugar de creación, diálogo y encuentro ciudadano. Bajo este nuevo paradigma de “hacer museo” se centra el interés en el público, la comunidad, y en estrategias de vinculación con la comunidad local. Se destaca el diseño participativo del Plan Museológico Construyendo museo junto a la comunidad realizado entre 2005 y 2006, en los que los vecinos de La Ligua participaron en su elaboración con ideas, anhelos y sueños a través de los encuentros ciudadanos.

La comunidad también ha participado en la definición de la exposición permanente ejecutada actualmente, la cual pone énfasis en el patrimonio vivo, la memoria e historia local, con el afán de promover el museo como un espacio común donde todos están llamados a ser protagonistas. Otra estrategia que ha dado muy buenos frutos es la organización de exposiciones temporales con las historias comunes y cotidianas de las localidades, barrios y poblaciones de La Ligua. Este trabajo se realiza en el marco del programa El museo en tu barrio, donde se invita a la comunidad a realizar un trabajo de rescate patrimonial. Existe además una modalidad para las comunidades educativas, denominada El museo en tu escuela, cuyo objetivo central es llevar la magia del museo a las escuelas de la zona, especialmente aquellas más alejadas del centro urbano, a través de exposiciones itinerantes, charlas, ciclos de cine, talleres, salidas a terreno, entre otras actividades.

OC: El museo está elaborando el diseño de un desarrollo institucional que no solo contempla la ampliación de su infraestructura, sino que también la renovación de su programación cultural, buscando vincularse más directamente con el espacio urbano-rural de La Ligua. En este sentido, ¿cuál es la visión y misión de museo que desean potenciar?, ¿cuáles son las áreas y contenidos que abordarán en dicho diseño?, ¿cómo se evaluó esta necesidad de ampliación y renovación? y ¿de qué manera la comunidad participó en esta decisión?

 R: El museo tiene como misión promover la educación patrimonial en la comunidad local por medio del rescate, investigación, educación y difusión del patrimonio, contribuyendo al desarrollo histórico, social y cultural de la comuna. El objetivo es ser un espacio permanente de creación, diálogo y encuentro ciudadano que contribuya al desarrollo educacional, artístico y cultural de la provincia de Petorca. El diseño del nuevo museo apunta a promover un espacio que orienta su labor al desarrollo local, especialmente en las áreas de educación, arte, cultura, turismo, historia y patrimonio. Para eso se pretende finalizar la muestra permanente con la idea de crear exhibiciones abiertas a todos los sentidos, que inviten a vivir una experiencia estética, sensorial y humana significativa. Además se contempla construir nuevos espacios que permitan abordar la nutrida programación cultural que aumenta cada año. El museo, no solo busca acercar el arte y la cultura a la comunidad o fidelizar audiencias, sino también contribuir a que la experiencia de visitarlo se transforme en un aprendizaje significativo que contribuya a generar un espíritu crítico y constructivo para la sociedad actual. Se espera construir una nueva sala de exposiciones temporales; un espacio multiuso para actividades al aire libre; mejorar y embellecer el entorno del edificio del museo; y habilitar una tienda para el visitante y turista. Además de ampliar la sala audiovisual poeta Jorge Teillier, mejorar la accesibilidad, los baños públicos y la señalética urbana, entre otras medidas. La necesidad de ampliar el museo responde también al mayor interés demostrado por parte la comunidad de participar activamente de las actividades programadas. Asimismo, un mayor interés de colectivos, artistas y gestores culturales por desarrollar conjuntamente nuevas propuestas dirigidas a la comunidad. Quizás la mayor motivación sea la de concebir al museo como un lugar donde no solo se pueden obtener lecturas críticas del pasado o el presente, sino como un espacio transformador del entorno, en beneficio de toda la comunidad que habita este valle. Este año se organizarán encuentros con la comunidad para recoger impresiones y sugerencias para lograr un proyecto definitivo y validado socialmente, impregnado del espíritu de las identidades locales.

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