OC 20 – Estudios


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Estudio cualitativo sobre participación y prácticas de consumo cultural.

Por María de los Angeles Tapia y Elias Farías.

Sección Observatorio Cultural, Departamento de Estudios.

Avanzando hacia una comprensión cualitativa sobre la participación y el consumo cultural en Chile.

El estudio Análisis y levantamiento cualitativo sobre participación y  prácticas de Consumo Cultural nace a partir de la necesidad de  ahondar y complementar explicativamente los resultados  encontrados en las encuestas de consumo cultural desarrolladas desde el año 2004-2005 [1], las que se han replicado en los años 2009 y 2012. Su principal objetivo fue conocer las percepciones de chilenos y chilenas en torno a la participación y consumo cultural, pudiendo explorar, desde distintos niveles de capital cultural [2], en perfiles de participación y consumo cultural, indagando en motivaciones, imaginarios, contextos, diferencias territoriales, y en la influencia del capital social como modelo explicativo.

Metodología

El estudio abarcó diversas prácticas artístico culturales, las que fueron clasificadas desde el Marco de Estadísticas Culturales (CNCA, 2012 [3]) y consideraron exclusivamente las disciplinas artísticas y  prácticas culturales consultadas en la III Encuesta Nacional de Consumo y Participación Cultural.

Se trabajó sobre una muestra de población urbana de 21 grupos focales con 6 a 7 personas cada uno, distribuidos por tramos de edad,  sexo, capital cultural y macrozona (norte, centro, sur y austral),  comprendiendo un total de 18 comunas del país. Los grupos focales  utilizaron como metodologías de investigación técnicas proyectivas de construcción de collages, y la aplicación de un cuestionario de redes sociales por cada participante.

Cabe destacar que la muestra no es representativa en términos estadísticos ni estándar en sus categorías de respuesta. Corresponde a un muestreo por cuotas que buscó diversidad de contextos y de contenidos, dando cuenta de percepciones y valoraciones desde los distintos imaginarios de participantes sobre la cultura en Chile.

Hallazgos del estudio

A continuación se presentan algunos de los hallazgos del estudio en tres prácticas artístico culturales, la mirada territorial, y una breve distinción entre exclusividad y diversidad en el consumo y participación cultural. El propósito no es realizar conclusiones acabadas del estudio, sino que motivar al lector a conocer nuevas lecturas sobre la participación y el consumo cultural en el Chile actual.

 Prácticas artísticas y culturales

 Música

La música es una práctica cercana a todos los niveles de capital cultural y transversal a todos los grupos etarios, ya que acompaña en las actividades cotidianas: “la música se adapta”. Su valoración es positiva otorgándole un carácter esencial para la vida cotidiana. Se practica en forma personal o colectiva, acompañando biografías y delineando así la identidad personal. Las razones de consumo y participación se asocian a la desconexión, uso cotidiano, facilidad de acceso y reproducción (diversos soportes y contextos). En el capital cultural alto se establece una distinción respecto del consumo que la vincula como fuente de creatividad, de imprimir subjetividad al entorno y a una herencia generacional que motiva el gusto. Como razón de no consumo para este capital cultural se distingue la existencia de estilos musicales de mala calidad, lo que en sí mismo ya es un hallazgo interesante pues es el único capital cultural que establece en su discurso la diferenciación entre música de buena calidad y de mala calidad. En este sentido, se observa mayor diversidad y especificidad de gustos al avanzar desde el capital cultural bajo, al alto. La relevancia de la música como actor en lo social podría radicar en establecer temas de conversación y contacto entre personas.

 Teatro

Para el capital cultural bajo el teatro se percibe como una práctica lejana, vinculándolo con múltiples expresiones artísticas (danza, baile, cine), valorado socialmente, pero no deseado individualmente. El capital cultural medio lo asocia a una práctica desconocida, lo que se recibe como una herencia en términos familiares y sociales. Destaca la dificultad para comprender el lenguaje y el discurso, existiendo un perfil de discurso que lo asocia a un espacio liberal, con temáticas relativas al sexo, el cuerpo y la emancipación. El capital cultural alto, describe que es una práctica de alta valoración social, donde se asiste en compañía de otros, teniendo una importante interpelación discursiva al instalar temas o reflexiones sociales.

Desde el capital cultural bajo las razones de no consumo son el desconocimiento de la disciplina, la falta de hábito, la dificultad para decodificar el lenguaje con el que trabaja y la percepción de alto costo. Estas razones se repiten en el capital cultural medio, sumando la percepción de inexistencia de oferta o falta de información al respecto, el uso del tiempo en otras actividades, y el que las redes sociales no asistan. Para el capital cultural alto, las razones de no consumo o no participación se relacionan a su carácter pasivo como espectador, a la monotonía de los espectáculos, a que se la considera una práctica elitista, falta de difusión, precios que se consideran altos y a la inexistencia de oferta en los territorios. Cabe destacar, que para el capital cultural bajo el teatro es asociado con el espacio público, por ejemplo, su presentación en una plaza, mientras que para el capital cultural alto se asocia con una sala de teatro. Esta diferencia resulta interesante en tanto existirían diversos imaginarios asociados a los soportes de participación en la cultura según los distintos capitales culturales estudiados.

Compra de libros y lectura

Las prácticas de comprar libros y de lectura, se observan con marcadas diferencias entre capitales culturales. Para el capital cultural bajo se describe una incomprensión del lenguaje donde leer libros no causa sentido y por lo tanto no gusta, se identifica una distancia heredada que no permite la creación de hábitos.

Por ejemplo, para un padre que no lee es difícil incentivar al hijo para que lea. Sin embargo, se valora como una forma de acceder a la educación y a ciertas capacidades intelectuales.

En este sentido, el estudio pone en evidencia la diferencia entre valoración y deseabilidad, si bien el leer libros se valora, no necesariamente se desea. Para el capital cultural medio, el libro es una práctica altamente valorada que se vincula con la educación como un medio de movilidad social, como un instrumento para alcanzar un escenario deseado. Por su parte, el capital cultural alto, identifica la participación en la lectura y consumo de libros como una posibilidad de “capturar distintos mundos”, una “práctica edificante” que implica aprendizaje, acceso a nuevas ideas y crecimiento personal. En este sentido, si bien es importante para el acceso a mayor educación, se valora su aporte de conocimientos no necesariamente de manera funcional, comprendiendo esta práctica como un fin en sí misma. Dentro de las razones de no consumo o no participación para todos los capitales culturales una razón es el alto precio de los libros. Para el capital cultural bajo destaca también el uso del tiempo en actividades audiovisuales y sociales, y en algunos casos, se percibe como una práctica asociada al aburrimiento. Las razones de no consumo y no participación para el capital cultural medio se relacionan a que la práctica es considerada poco prioritaria en tanto no es vista como necesidad, y a la percepción de una distancia generacional entre adultos y jóvenes que no incentiva el consumo y la participación en jóvenes. Como razones de no consumo del capital cultural alto destaca la falta de hábitos y el uso del tiempo en el trabajo o labores domésticas. Por último, también se identifica una diferencia generacional en cuanto al soporte para leer libros, donde tanto en el capital cultural medio y principalmente en el alto, se ha incorporado en generaciones más jóvenes la lectura digital de libros.

Centralización de la cultura: una mirada territorial

Dentro de los principales hallazgos se observó desigualdad en la percepción de acceso y participación de la cultura en los distintos territorios. Relacionado con las macrozonas del país, las zonas extremas  (norte y austral) presentan cuantitativamente una menor oferta cultural según la percepción de los participantes. Para las zonas centro y sur, estas desigualdades se replican dentro del territorio (entre comunas y periferias), existiendo una percepción de carencia muy grande entre las zonas suburbanas y rurales adyacentes. En este marco, se percibe que la oferta está directamente asociada al grado de urbanización y al tamaño poblacional de los territorios, junto a la existencia de una “cultura urbana” que sustenta el consumo.

La oferta de teatro, conciertos y artes visuales se presenta particularmente escasa a nivel regional, exceptuando la Región Metropolitana. Bajo esta mirada, internet surge como una plataforma importante para el acceso y participación en cultura, internet propagaría la cultura urbana. Otro hallazgo importante es que la percepción de calidad de la oferta cultural disminuye en regiones. Se sitúa como parámetros de comparación a ciudades como Santiago y Concepción, y en el capital cultural alto, también a ciudades en el extranjero, comprendiendo la calidad como acceso a infraestructura, novedad, diversidad de géneros y particularmente renombre de los/las artistas. Esto induce la realización de viajes selectivos a otras ciudades para participar en la oferta cultural, lo que implica inversión en tiempo y dinero. También se percibe que en regiones es más caro acceder a la misma manifestación que se exhibe en la Región Metropolitana. Ahora, con excepción de los/las participantes de capital cultural alto de la zona oriente de la Región Metropolitana y también de Concepción, todo/as tienen una mala percepción de la información y difusión de manifestaciones artístico-culturales, donde también entre los/las participantes se genera un debate respecto del real interés de las personas por acercarse a la cultura.

 Exclusividad versus diversidad en el consumo y participación cultural

Teniendo en consideración que en el Chile actual todos los segmentos de capital cultural acceden al menos al nivel de cultura de masas, esto es, el consumo de medios de comunicación masivos, la diferenciación social de los distintos niveles de capital cultural vendría dada no tanto por las prácticas o disciplinas artísticas que se consumen, sino que más bien por la diversidad y forma en que los distintos productos culturales y la participación en ellos se lleva a cabo.

 En este escenario general de cultura de masas, las personas con capital cultural alto se caracterizarían por un consumo más amplio y heterogéneo, identificado como “omnívoro” , así, su consumo no se vincularía únicamente a exclusividad, sino que a la diversidad de prácticas artístico culturales. En consonancia con esta interpretación, el análisis discursivo de este capital cultural muestra que existe mayor densidad y diversidad de conceptos, articulando un discurso más fundamentado y preciso.

Las personas de bajo capital cultural realizan prácticas culturales donde tienen un rol más activo: danza, fiestas populares, videojuegos, rayados, escuchar música. Como espectadores, su participación y consumo se asocia principalmente a espectáculos en vivo y a obras audiovisuales. En cambio, en el capital cultural medio se reconocen dos extremos que van entre el capital cultural alto y bajo, existiendo un radar de consumo. Se identifica un interés particular por espectáculos y obras de exhibición donde variables tales como territorio, costos y edad, cumplen un rol clave en la participación y consumo.

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[1] Responde a un trabajo desarrollado en dos fases: la primera en 2004, año en que la encuesta se aplicó en la Región Metropolitana, y la segunda en el 2005, donde la encuesta se extiende a las otras 12 regiones existentes, perfeccionando el instrumento y realizando ajustes en el plano operativo.

[2] Se definieron tres niveles: alto, medio y bajo, los que se operacionalizaron a partir de las dimensiones de participación y consumo de actividades y bienes y/o servicios culturales; y nivel socioeconómico. La última como variable proxi de nivel educativo.

[3] CNCA (2012): Marco de Estadísticas Culturales para Chile. Microdatos: Informe Marco Conceptual, Informe IV, 2012; pág. 28. URL: http://www.cultura.gob.cl/mec

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