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Mayo 2014

Sewell: Huella de la sociedad del cobre

Por Soledad Costabal Arellano

* Magíster en Gestión Cultural UCH, Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas con mención en Literatura UCH, actualmente se desempeña como gestora cultural y Coordinadora de Comunicaciones y Extensión del Instituto de Humanidades de la Universidad del Desarrollo.

 El patrimonio industrial en Chile es parte fundamental para la comprensión y construcción de nuestra sociedad e identidad desde mediados del siglo XIX. Basta con señalar que un número importante de monumentos nacionales, algunos declarados Patrimonio de la Humanidad, corresponden a dicha clasificación. Razón por la que se buscará dar a conocer desde una perspectiva histórico-patrimonial el campamento minero Sewell. Los asentamientos industriales, en su gran mayoría relacionados con la extracción de materias primas, han marcado el desarrollo de la historia del país en tan variados ámbitos, que sus vestigios por sí solos se erigen como bastiones de la idiosincrasia regional y nacional. La minería chilena, germen de un gran número de campamentos y ciudades industriales, ha requerido que su urbanización se genere en zonas geográficas inhóspitas, de difícil acceso y, por ende, con características a veces únicas en cuanto a otros emplazamientos industriales. Claros son los ejemplos de las culturas y poblados que nacen en torno al salitre, al carbón y al cobre, donde el desierto, el subsuelo marítimo y la alta cordillera se convierten en espacios intervenidos por el hombre para volverlos habitables. Estas ciudades —Humberstone, Santa Laura, Lota, Sewell, entre otras— son huella de la minería en Chile, actividad que de manera transversal ha marcado el devenir económico, social, organizacional e histórico en el país.

Patrimonio de la civilización del cobre y la Gran Minería

La magnitud e importancia que ha logrado la actual minería en Chile se debe, en gran medida, a la experiencia histórica que Braden Copper Company inició a principios del siglo XX en la zona central del país: la gran minería del cobre. William Braden, empresario estadounidense, sistematizó en 1905 la tarea de la explotación de la mina El Teniente. Dada la ubicación en medio de la Cordillera de Los Andes y la consiguiente dificultad logística para desempeñar actividades económicas en el lugar, fue necesario desplegar una estructura ingenieril que permitiera la extracción a gran escala del mineral y su posterior traslado al puerto de San Antonio. El proyecto en un principio incluyó un camino de carretas desde la mina hasta Graneros, un ferrocarril, una central hidroeléctrica y campamentos mineros cercanos a los accesos del yacimiento. Sewell, ubicado estratégicamente junto al molino [1], se afianzó como el poblado principal y más urbanizado en detrimento de otros campamentos cercanos al yacimiento. Aquí se desarrolló una sociedad semiindependiente basada en la coexistencia entre la cultura de norteamericanos y mineros de origen campesino y local. La autonomía y fomento a la calidad de vida en el asentamiento permitió que hubiese registro civil, tiendas, centros sociales, cine, bancos, carabineros, entre otros servicios. De esta manera, no era solo el privado el que daba beneficios, sino que el Estado se hacía parte dentro de la organización de la ciudad demostrando el respaldo a la actividad de la compañía.

La excepcionalidad del companytown [2] se evidencia en las razones de UNESCO para dar a Sewell en 2006 la calidad de sitio del Patrimonio Mundial. Se le reconocen tres de los criterios [3] de la clasificación de Justificación del Valor Universal Excepcional del Bien. El primero se relaciona con su arquitectura, diseño, planificación y emplazamiento urbano que no posee un lineamiento determinado, sino que es dado por el ensayo, error y aprendizaje. Su ubicación en la geografía cordillerana se perfeccionó a fuerza muchas veces de catástrofes, pero siempre manteniendo como eje articulador la escalera central conducente a otras escaleras secundarias y pasajes interiores. El segundo criterio, ser testimonio de una civilización, se evidencia en que el campamento es un vestigio aún funcional de la cultura de la minería en la región y en el país, aunque no en su sentido inicial, pues ya no se exige que el minero viva junto al yacimiento. El tercer criterio, su ejemplaridad como asentamiento representativo de una cultura, que cobra coherencia a la luz de los puntos mencionados anteriormente, pues el uso de la tierra y la idiosincrasia desarrollada en el asentamiento escapan de los usos y prácticas tradicionales en ese entonces.

En efecto, el progresivo abandono de Sewell y su importancia histórica, impulsaron a CODELCO a desarrollar su plan de recuperación y puesta en valor, incidiendo en que el año 1998 se declarara como Monumento Nacional en la categoría de Zona Típica, específicamente como Pueblo Tradicional. Posteriormente, se postuló al listado de bienes Patrimonio de la Humanidad en 2005, siendo inscrito en 2006 como un ejemplo excepcional de emplazamiento industrial a nivel mundial.

Recuperación: propuestas museísticas para la conservación

La serie de declaraciones patrimoniales mencionadas impulsó a CODELCO a la creación de la Fundación Sewell con el fin de proteger el campamento y gestionar su mantenimiento. Esta medida, junto con el apoyo del Consejo de Monumentos Nacionales y el entusiasmo de las comunidades de sewellinos [4], han revitalizado el campamento de forma paulatina, conservando y restaurando los edificios que sobrevivieron al abandono iniciado en 1968 y a las consiguientes demoliciones y daños producidos por las inclemencias del clima.

Para el rescate del campamento se han seguido planificaciones determinadas dentro de las medidas de manejo para las postulaciones a Monumento Nacional y a Patrimonio de la Humanidad. Aquí nos encontramos, en primera instancia, con el “Plan de acción estratégico para la conservación” que realizó la cuprífera a fines de los noventa y luego con el “Plan de manejo de 2005” y el documento de “Postulación a la lista de Patrimonio de la Humanidad”. Estos documentos proyectaron las medidas de conservación, restauración, puesta en valor, manejo turístico y económico [5]. Su cumplimiento ha permitido la mantención de los edificios en relativo buen estado —sobre todo estructuralmente— permitiendo avanzar con las propuestas museísticas programadas en 2005. En este ámbito se contempló que el campamento se rearticulara como un museo in situ, desarrollando una serie de secciones internas que aportaran al entendimiento del emplazamiento urbano como un espacio que funcionaba en torno a las faenas industriales. Estos espacios debían ser capaces de traspasar al visitante el sentido de un companytown, junto con sus implicancias para el desarrollo industrial nacional e internacional y desde ello proyectarse a la cultura y economía de todo un sector. Con este objetivo se proyectaron las siguientes exhibiciones: Museo de Arquitectura Sewellina, Museo de Interior de Minas, Museo del Concentrador y el Museo de la Gran Minería del Cobre.

 Haciendo una revisión del estado actual de dicha propuesta, el Museo de Arquitectura Sewellina es la ciudad misma, que se alza como un paradigma arquitectónico. Hoy se proyectan recreaciones y restauraciones de espacios interiores de los edificios que mostrarían, no solo la forma de construcción del emplazamiento, sino también la manera de vivir de los habitantes. Esta iniciativa no deja de ser compleja, pues la reconstrucción de una escena cotidiana, por ejemplo, en los edificios de obreros casados, implica dimensionar las características comunes de todos esos apartamentos y además, lograr un punto de equilibrio entre la casa de principios de siglo XX, la de mediados y la que existía para el cierre. A ello se suma la necesidad de determinar la estética y materialidades. Esto requiere una investigación no solo bibliográfica, sino que por sobre todo, social, donde los exhabitantes deberán revivir los espacios de la manera más fidedigna posible. Una tarea que se está desarrollando y que ya comenzó en el “Teniente Club”. Se escogió iniciar la reconstrucción y revitalización en este lugar, pues es uno de los pocos que son representativos del modo de vida de los norteamericanos, ya que el Barrio o Población Americana fue demolido durante la Operación Valle.

Sin duda estos proyectos de recuperación son de gran importancia para la puesta en valor de la cultura inmaterial sewellina. Ellos ponen en relieve las costumbres, los usos domésticos y cotidianos de los habitantes a través de una reconstrucción que permite la evocación de una época pasada. Por otra parte, el Museo Interior de Mina es una idea que se desarrolló hasta hace un tiempo. Contemplaba el ingreso a un sector del yacimiento, pero las operaciones extractivas actuales obligaron a que este se cancelara. Debemos recordar que Sewell aún presta utilidad a la producción de la mina y que el sitio se encuentra en medio de la faena de extracción de cobre. El año 2011 se comenzó a desarrollar el proyecto Nuevo Nivel Mina (NNM) en la División El Teniente, lo que conlleva una ampliación del tiempo productivo por cerca de 50 años y que, por lo tanto, mantiene el espacio cordillerano intervenido. Por esta razón, una serie de empresas contratistas trabajan en el sector, aumentando el tráfico de vehículos industriales, de trabajos investigativos y mineros, lo que acrecienta las condiciones de riesgo para el turista. Esto llevó a la cuprífera, por sus estrictas medidas de seguridad, a cancelar los ingresos al sector de producción. La medida quitó la sección del recorrido patrimonial que ayudaba a entregar una visión macro del significado total del emplazamiento y de la actividad industrial a la que se asocia. Por las mismas razones el concentrador [6], que había proyectado su detención para el año 2006, ha seguido funcionando, lo que impide su habilitación como museo de vestigio industrial, columna vertebral y razón de ser del campamento minero. Si bien, su apertura al público habría permitido entender de mejor manera la cadena productiva y red industrial ligada a Sewell, es comprensible que por las condiciones productivas y de seguridad de la mina, se evite el acceso de turistas a lugares riesgosos.

Por último, el Museo de la Gran Minería del Cobre actualmente está habilitado para visitantes. Se emplaza en el edificio de la Escuela Industrial intencionalmente, pues se buscó resignificar el espacio considerando su finalidad educativa inicial. El museo hoy en día cuenta con tres pisos funcionando, donde se exponen distintas perspectivas de los procesos y productos relacionados con el cobre: desde piezas con usos rituales, económicos, ornamentales de distintas épocas y culturas, hasta herramientas productivas y equipamiento de seguridad. Este museo abierto desde el año 2002, posee una excelente colección que todavía requiere un etiquetado e información más completos, pues esto resulta fundamental para entender la importancia y significado de los objetos mostrados.

Es importante destacar que, a pesar de que el documento de Plan de Manejo contemplaba iniciativas museísticas tipo, que abarcaban desde lo arquitectónico hasta lo industrial —considerando maquinarias y sectores de faena—, estas no pudieron mantenerse en el tiempo por motivos industriales y de seguridad, que escapan de la gestión turístico-patrimonial de Sewell.

Puesta en valor: bosquejos para la salvaguarda

La puesta en valor del sitio se ha articulado no solo desde la perspectiva museística, sino que también se han desarrollado otra actividades tales como seminarios, publicación de libros, reuniones, actividades para los exhabitantes, jornadas de reflexión, difusión histórica online y, por sobre todo, una fuerte gestión turística con ofertas variadas apuntando a un público amplio y transversal. La ubicación del campamento, en medio de una zona industrial activa, determina la imposibilidad del acceso libre e independiente volviéndose una condicionante negativa para el turismo, a pesar de lo cual las visitas nacionales y extranjeras han ido incrementándose año a año. La Fundación Sewell y su trabajo con operadores turísticos externos, ha sorteado la limitante del acceso, trocándola en una oportunidad de resguardo del bien. Así a lo largo del tiempo, los operadores han variado, manteniéndose hoy uno privado y la misma Fundación, que deben cumplir con los permisos y requisitos que exige CODELCO para acceder al lugar. Cabe destacar que la iniciativa de visitas patrimoniales se enfoca en escolares con el fin de inculcar el valor del espacio y de la actividad que se desarrolla y desarrollaba en el mismo. Esto se ha logrado con convenios con instituciones educativas que han entregado un flujo importantísimo de jóvenes. Aquí se espera que los estudiantes aprendan a valorar el espacio y lo hagan suyo, volviéndose sujetos capaces de entender a través de experiencia, la importancia del patrimonio local y su relevancia en el proceso de construcción de su identidad individual y, de este modo, al fortalecimiento de la identidad cultural de la zona. Actualmente se desarrollan alianzas estratégicas para incrementar la visita turística no escolar, con estamentos gubernamentales como SERNATUR, así como también con la inclusión de nuevos operadores.

Junto con los recursos de difusión y puesta en valor anteriores, debe tener una mención especial su página online: sewell.cl [7]. Ella, aunque se encuentra un tanto desactualizada, entrega un importante aporte en los ámbitos histórico y patrimonial, en el enriquecimiento de la visita y en la visión externa de Sewell. Se pueden encontrar datos históricos, explicación de procesos productivos, fichaje de hitos patrimoniales enriquecidos con registros fotográficos de época y testimonios de los propios sewellinos. Llama la atención la posibilidad de publicación inmediata de relatos, que da una herramienta adicional al rescate testimonial de quienes vivieron o se relacionaron con el lugar. Este es un gran aporte a la recuperación de vestigios orales que de otra manera corren el riesgo de perderse con el tiempo. De esta manera, la comunidad sewellina no solo tiene acceso a sus relatos a través de la experiencia, si no que puede registrarlos y compartirlos de manera expedita. A esto se suman los seminarios y jornadas que se han desarrollado con los exhabitantes para discutir sobre sus actividades, costumbres, usos, tradiciones, etc., contribuyendo a rescatar, preservar y difundir la identidad y memoria del lugar. Toda la información recabada en estas actividades está documentada por la Fundación Sewell, por lo que es susceptible de ser publicada para trasmitir una historia de vida que va más allá del mero trabajo y que nos ayuda a acercarnos a la excepcionalidad del sitio y a su vez a la universalidad del mismo. La conservación y trabajo con ambas iniciativas son un aporte a la salvaguarda del nivel experiencial de quienes habitaron y laboraron en un lugar que se pensaba casi imposible de poblar.

No cabe duda que la gestión de un lugar patrimonial en Chile hoy es difícil, aún más si hablamos de uno industrial. La necesidad de conservación integrada e integral que requiere este tipo de emplazamientos no puede limitarse al hito arquitectónico, puesto que las construcciones son solo un resabio de toda una cultura que motivó su existencia. Esto implica entonces tener en cuenta que la trasmisión del valor de este tipo de bienes abarca lo social, histórico, económico, tecnológico, etc., además de basarse en toda una red productiva que le da sentido y sustento. La excepcionalidad y el carácter memorable de Sewell se entienden cabalmente solo a partir de su articulación con la mina, los espacios y maquinarias de trabajo, la geografía y las soluciones viales, motivadas exclusivamente por la actividad económica. A su vez, estos hitos produjeron mejoras sociales externas a la empresa que favorecieron la conectividad de la cordillera y el surgimiento de otras actividades económicas asociadas a las necesidades del cobre.

Entendemos entonces que la gestión y salvaguarda implica un trabajo integral arduo y metódico que pasa por lo más básico como la autogestión económica para la conservación, hasta la preocupación por la labor investigativa, social, teórica y documental. Lamentablemente en este punto, el material no es de fácil acceso y tampoco cuantioso. Esto se observa al visitar la biblioteca pública de Rancagua o las de sus colegios y librerías, donde los estudios al respecto no son muy numerosos y suele tener poca difusión. No se puede negar la existencia de material emblemático en historiografía y teoría, pero este está disponible en círculos reducidos y universidades. En el caso de la literatura, también existen algunos relatos, crónicas y novelas, pero la producción es relativamente baja. Se puede intentar explicar este fenómeno por la contemporaneidad del bien o porque los relatos se mantienen en la oralidad, dada la gran comunidad sewellina vigente y activa. Pareciera necesario rescatar desde ya, la idiosincrasia y acervo cultural de ese grupo de personas para explicar y valorar sus costumbres, usanzas, identidades e incluso los roles familiares y sociales nacidos en la cordillera, que hoy se fusionan y entretejen con la nueva forma de entender la minería del cobre en la Región.

> Sewell, ciudad minera ubicada en la comuna de Machalí

>Sewel fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2006, por su incalculable valor histórico y cultural para Chile y el mundo.

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[1] El molino o planta concentradora corresponde al lugar donde se realizan los primeros procesos al mineral extraído: el chancado y la molienda (trituración).

[2] Companytown: poblado que nace por una faena productiva, depende de la empresa y es esta la que decide sobre las construcciones, tiendas, transporte e incluso normas del lugar. Busca la máxima eficiencia productiva pues cumple una función principal, el trabajo en la industria. Tienden a organizar urbanísticamente a los trabajadores según jerarquía.

[3] UNESCO. World Heritage Convention. The Criteria for Selection.

Criterio (ii): Ser la manifestación de un intercambio considerable de valores humanos durante un determinado periodo o en un área cultural específica, en el desarrollo de la arquitectura o de la tecnología, las artes monumentales, la planificación urbana, el diseño paisajístico.

Criterio (iii): Aportar un testimonio único o por lo menos excepcional de una tradición cultural o de una civilización que sigue viva o que desapareció.

Criterio (v): Constituir un ejemplo sobresaliente de hábitat o establecimiento humano tradicional o del uso de la tierra, que sea representativo de una cultura o de culturas, especialmente si se han vuelto vulnerable por efectos de cambios irreversibles.

[4] Organizadas en entidades como Círculo Social Sewell, Sindicato de Trabajadores de Sewell y Mina, entre otros.

[5] Luego de las declaraciones, el campamento recibió financiamiento directo de CODELCO, pero dentro de los objetivos se encontraba la autosustentabilidad, una de las tareas asignadas a la Fundación Sewell. El organismo ha desarrollado una serie de medidas guiadas a la difusión y conservación del bien, siendo hoy capaz de financiarse con fondos propios en cerca de un 70% del total.

[6] Véase nota 1.

[7] También es interesante la página aldeaminera.cl/mmbook/html/sewell/, donde se muestran fotos de época con su descripción.

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