OC 26 – Artículo 2


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Una reflexión colectiva para la gestión del patrimonio a través del paisaje del Río Ibáñez

Por Bernardita Ladrón de Guevara, Darío Toro, Rafael Prieto, Marcelo Becerra

Bernardita Ladrón de Guevara. Conservadora-restauradora, jefa de la Unidad de Geoinformación del Centro Nacional de Conservación y Restauración – Dibam.
Darío Toro. Geógrafo, Unidad de Geoinformación del Centro Nacional de Conservación y Restauración – Dibam.
Rafael Prieto. Licenciado en Antropología, asociado a la Unidad de Geoinformación del Centro Nacional de Conservación y Restauración – Dibam.
Marcelo Becerra. Arquitecto, encargado regional del Programa BID de Puesta en Valor del Patrimonio, Dirección Regional de Arquitectura de Aysén, Ministerio de Obras Públicas.

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−− “No”, respondió ella… “me enamoré de esto…”, señaló Sally,
−− “¡Wow!… que cosa… mira… (mientras observaba desde lo alto el paisaje de ‘Radiator Spring’) pasan justo a un lado y no se dan cuenta de lo que se pierden”, respondió Rayo.
−− “Antes no sucedía eso. Hace 40 años esa interestatal no existía… En aquellos días los autos recorrían el país de forma muy diferente. Los caminos no atravesaban la región como la interestatal. Se movían con ella, subían bajaban, viraban, los autos no conducían para hacer un mejor tiempo… conducían para pasar un buen momento”, le relató Sally al impresionado Rayo.
−− “¿Qué pasó?”, preguntó Rayo.
−− “Aislaron al pueblo y se ahorraron 10 minutos de camino”, respondió Sally.

Transcrito y traducido de la película Cars (Pixar-Disney, 2006).

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El paisaje como imbricación dinámica entre la naturaleza y la cultura el diálogo entre Sally Carrera y Rayo Macqueen en la película animada cars nos remite a la mítica ruta 66, por entonces (1925) columna vertebral de EE.UU., que atraviesa ocho estados desde Missouri hasta California, facilitando con ello los movimientos migratorios que forjaron la identidad del país. En particular, esta escena resulta ejemplificadora de cómo se superponen percepciones, significados y valores que, entretejiendo los conflictos en un territorio, subyacen a un incierto y a veces vertiginoso devenir, producto de decisiones que interactúan en un complejo sistema compuesto por dimensiones emocionales, estéticas, éticas, económicas, políticas, entre otras, configurándose así su carácter singular.

El concepto paisaje es utilizado de manera diferente por diversas disciplinas. No obstante, todas suponen la existencia de un observador y un objeto observado (una porción de territorio) en cuya relación se distinguen fundamentalmente las percepciones sensoriales y representaciones de la realidad (Backhaus, Reichler y Stremlow, 2007). Por lo tanto, se diferencia del ecosistema o geosistema, que se centra en el funcionamiento biofísico de una fracción de espacio, y también del enfoque de territorio, unidad espacial socialmente moldeada y vinculada con las relaciones de poder (Urquijo y Barrera, 2009).

Lo incuestionable es que el paisaje es expresividad, concreción, reflexividad y obra de/en un territorio. Transita en torno a nociones y problemáticas que emergen del cruce de dos ejes: representación- materia/forma-espacio social, en torno al cual se articula la imbricación naturaleza-cultura, que da a su vez luces respecto del eje objetividad-subjetividad (ver Figura 1).

 

 

Del paisaje fenoménico al paisaje instrumento

Si bien el concepto de paisaje tiene múltiples interpretaciones, es su más reciente incorporación en el ámbito normativo el que da luces de una aproximación a una construcción colectiva consciente o intencionada del territorio. Jean-Marc Besse (2009) se refiere a cinco entradas posibles: (1) paisaje como representación cultural; (2) como un territorio producido por las sociedades en su historia; (3) como un complejo sistémico que articula los elementos naturales y culturales en una totalidad objetiva; (4) como un espacio de experiencias sensibles rebeldes a las diversas formas de objetivación, y, (5) como un sitio o un contexto de proyecto.

La experiencia internacional evidencia el reciente surgimiento de aplicaciones orientadas especialmente a un perfil político territorial, articulando la idea del paisaje como “figura instrumental”. Por ejemplo, dos figuras, aunque contrapuestas, corresponden a la de Unesco en el contexto del patrimonio mundial, que conceptualiza el “paisaje cultural” como “obra conjunta del hombre y su ambiente natural” (Rössler, 2000: 48); y el Convenio Europeo del Paisaje (CEP), que define “paisaje” como “cualquier parte del territorio tal como la percibe la población” (Consejo de Europa, 2001).

Mientras Unesco adopta el criterio de singularidad de un territorio en su calidad de “obra única o especial”, generando exclusión de lo que no lo es, CEP se resta activamente de asumir tal criterio, puesto que en este caso el paisaje no sería “obra” sino “cualquier parte del territorio” —el cual puede ser entendido como paisaje, independiente de su valor ecológico, escénico o cultural—.

Esta última figura es particularmente innovadora al incorporar a los instrumentos territoriales tradicionales, conceptos inéditos en lo normativo: la percepción, la experiencia, el conocimiento local no experto (o sentido común) y la construcción intersubjetiva de una imagen de territorio deseada, cuyas condiciones de desarrollo se asumen sobre la base de acuerdos sociales. Tales acuerdos contribuyen a regular localmente en
función de objetivos de calidad establecidos participativamente y guiados por la lógica del bien común.

Por estas características, el paisaje constituye una oportunidad para profundizar en la democratización del territorio, entre quienes lo viven de manera cotidiana y le otorgan su expresividad y su valor, y quienes lo usan y administran con fines políticos y económicos, pudiendo tener un significativo impacto en la calidad de vida de las poblaciones. Por lo cual es cada vez más un tema de interés que está trascendiendo los ámbitos especializados en los que hasta ahora estaba relegado, convirtiéndose en un elemento imprescindible y fundamental de muchas políticas de ordenamiento territorial e incluso, de políticas más sectoriales de carácter social, cultural y económico (Nogué y Sala, 2008).

En Chile, por diversas razones político institucionales y culturales que no cabe profundizar en este artículo, las figuras de ordenamiento territorial tienen una orientación predominantemente funcional y objetivista, y expresan un fuerte sesgo sectorialista, carente de lo experiencial e  intersubjetivo del territorio y de la cotidianeidad de las personas y sus entornos. Los instrumentos se centran en el ambiente físico-ambiental y
construido, y están dirigidos casi exclusivamente para las zonas urbanas, en contraposición a las zonas rurales que carecen de ordenamiento y planificación, en donde solo existen normas ambientales, pero no territoriales.


El paisaje: una trama contextual para comprender al patrimonio

Una de las formas de abordar el patrimonio de un territorio es entenderlo como inherente al paisaje, como un nodo donde convergen valores y significados vinculados a la memoria, a la identidad y/o a la vida cotidiana. La carencia de herramientas para valorar el paisaje y sus elementos integrantes constituye una debilidad para llevar a cabo las tareas de puesta en valor del patrimonio, por cuanto se mantienen lecturas parciales y reduccionistas sobre la trama de relaciones en que se sitúan. Conscientes de la continuidad e indisociabilidad entre paisaje y patrimonio cultural patagónico, la Dirección de Arquitectura Regional de Aysén y el Centro Nacional de Conservación y Restauración diseñaron e implementaron un estudio (piloto) que busca obtener elementos para apoyar la toma de decisiones dirigidas a la sustentabilidad de las intervenciones de los bienes patrimoniales, en el contexto del Programa BID de Puesta en Valor del Patrimonio. El estudio en cuestión está siendo ejecutado por la Corporación POLOC. Lo que se expresa a continuación es parte de los resultados de los avances a la fecha del trabajo conjunto.


Esbozo esquemático del “Diagnóstico del paisaje de la cuenca del río Ibáñez”

El estudio se realizó sobre la totalidad de la cuenca del río Ibáñez, cuya superficie de 247.000 hectáreas abarca desde el volcán Hudson hasta el  lago General Carrera en la Región de Aysén (latitud 46° 10’S), Patagonia meridional de Chile, zona cuyo aislamiento geográfico permitió su  colonización a partir de comienzos del siglo XX. Su carácter productivo primario principalmente ganadero, forjó la vida social y familiar, los referentes identitarios y la adaptación y domesticación del territorio. En los últimos decenios, las dificultades para mantener su competitividad en un contexto de mayor globalización, ha acelerado el despoblamiento de sus habitantes, quienes carecen de suficiente capital, tecnología y apoyo del Estado (servicios, equipamiento, programas, entre otros) que les permita adaptarse e insertarse de manera exitosa en las nuevas dinámicas económicas y culturales externas.

El objetivo del estudio es generar criterios y herramientas que permitan a la institucionalidad local, sectorial y regional una gestión territorial coordinada y orientada a proteger el patrimonio de la cuenca del río Ibáñez desde la perspectiva de paisaje (1). Esto apunta a instalar una práctica transversal entre el Estado y la sociedad, participativa e interinstitucional, enfocada en la relación entre el territorio y el patrimonio, tendiente a desarrollar una herramienta de gestión que permita ser implementada en otros territorios de la región.

Los criterios y propuestas resultantes del estudio,2 aunque no siendo vinculantes a instrumentos normativos vigentes, sí orientan las intervenciones sobre el territorio de la cuenca, desde el nivel regional, sectorial y local, resguardando los valores del paisaje y su patrimonio sobre la base de un proceso de reflexividad colectiva.

El estudio consta de cinco pasos metodológicos consecutivos que van construyendo gradualmente una suerte de plan:

• Caracterización
Se identifican y clasifican en unidades de paisaje (UP), áreas del territorio que poseen el mismo carácter, a partir del estudio de los elementos naturales, culturales, perceptuales y simbólicos. Se recogen los valores paisajísticos de cada unidad de manera participativa. Se describe la dinámica general del paisaje y los factores naturales y socioeconómicos involucrados en su evolución, considerando además las tendencias  socioeconómicas, la legislación, las políticas territoriales, urbanísticas y sectoriales actuales.

• Evaluación
Se estudian las amenazas y oportunidades para proteger, gestionar y ordenar las UP, sustentablemente.

• Objetivos de calidad (OC)
Se declaran las aspiraciones que la colectividad tiene para cada UP, en virtud de sus características, valores y dinámicas, las que se busca queden plasmadas en programas institucionales que incidan en el territorio.

• Elaboración de directrices, medidas y proyectos de actuación
Para cada UP se asocian criterios y acciones específicas que tendrían que emprender los servicios públicos competentes en los ámbitos territoriales y sectoriales para el cumplimiento de los OC.

• Indicadores de seguimiento
Buscan disponer de una serie de datos e indicadores ambientales, culturales y sociales del paisaje que midan el cumplimiento de los OC en cada UP. Deben ser comprensibles para la población, agentes políticos y gestores públicos, facilitando la evaluación de los cambios y la corrección de la actuación de manera oportuna.

A la fecha, se ha avanzado en las tres primeras etapas. La caracterización y delimitación de UP consideró la distribución espacial de atributos asociados a la geología, fauna, flora, demografía, economía, suelos, propiedad, patrimonio, entre otros. Paralelamente, se realizó una  caracterización cualitativa referida al sentido de lugar, a los actores y prácticas, manifestaciones artísticas, percepción y otras de carácter simbólico.

Estos atributos se agruparon mediante el uso de sistemas de información geográfica, en fenómenos que surgen de aquellos procesos, persistentes en el tiempo y en el espacio, que contribuyen a distinguir un paisaje, haciéndolo como tal único e irrepetible.

El esfuerzo se centró en distinguir aquellos más estructurantes del paisaje de la cuenca: principales ecosistemas, espontaneidad y planificación en la ocupación, transformación de la estructura de la propiedad, dinámica poblacional y dependencia externa. La integración de estos fenómenos permitió una caracterización y delimitación preliminar de la cuenca en UP (ver Figura 2).

Este resultado se contrastó en talleres a partir de métodos participativos de reflexión, discusión y creación colectiva, con una visión proyectiva, a los cuales asistieron habitantes y actores provenientes del ámbito público regional y municipal vinculados a la cuenca.

FIGURA 2: Esquema metodológico que muestra la secuencia de pasos utilizados para obtener las unidades de paisaje y los objetivos de calidad respectivos. Las diferencias en los colores del fondo están asociadas a la ausencia o existencia de participación en las etapas correspondientes. Los grises de las circunferencias (objetivos de calidad) se asocian con el tono de cada unidad.

 

 

 

A partir de los fenómenos, se identificaron cuatro grandes UP, las que se resumen de la siguiente manera:

UP-1: Es donde se inició el poblamiento desde el lago General Carrera hacia el interior de la cuenca. Concentra la población, asentamientos e infraestructura urbana y una mayor diversidad de actividades productivas; consecuentemente, presenta la mayor cantidad de manifestaciones artísticas y de patrimonio cultural. Los actores locales y extralocales valoran su imponente campo visual, las manifestaciones culturales (fiestas costumbristas), incluyendo el patrimonio cultural arqueológico (arte rupestre) y construido (la escuela antigua de Cerro Castillo, entre otros), de importancia para la identidad regional.

UP-2: Resalta como el escenario visual desde la UP-1, cubierto de matorrales, praderas y bosques de fagáceas como lengas y ñirres, y la mayor parte de los cuerpos lacustres. La unidad está bastante antropizada: el suelo está destinado principalmente a la ganadería, con una red de caminos y viviendas dispersas. Es la que más se asocia a la imagen del habitante solitario de las grandes extensiones patagónicas. También es aquella donde pervive la mayor expresión de la ruralidad de la cuenca.

UP-3: Alternan laderas escarpadas desnudas con bosques nativos perennifolios y fauna diversa en quebradas. Está prácticamente inhabitada y carece casi de caminos y huellas, mostrando un fuerte dominio de la naturaleza. A diferencia de las anteriores, no tiene acceso visual desde las zonas pobladas, y pese a que es poco visitada por los habitantes en general, es muy valorada por su pureza.

UP-4: Está dominada por las altas cumbres y la imponente estructura del volcán Hudson. Posee una escasa vegetación que es controlada principalmente por la presencia de nieve. Es de muy difícil acceso y muy poco conocida. Representa para los participantes de los talleres, peligro, soledad y aislamiento. De los avances preliminares obtenidos a la fecha en torno a los OC, los más recurrentes apuntan a conservar los territorios más aislados situados en las UP 3 y 4 y, por el contrario, apuntar en las UP-1 y 2 al desarrollo sustentable que combine prácticas productivas tradicionales y turismo aprovechando el valor agregado del paisaje y potenciando la asociatividad local. Es manifiesta la necesidad de contar con capital, tecnología y el equipamiento adecuados para apoyar estas prácticas y fortalecer el arraigo y permanencia.

FIGURA 3: Mapa de la cuenca con las unidades de paisaje preliminares, en proceso de validación. Fuente: UGP sobre DEM realizado en base a IGM 1:50.000. Los limites y fronteras de Chile que aparecen en el mapa no comprometen en modo alguno al Estado de Chile, de acuerdo al artículo 2ª, letra g del DFL Nª83 de 1979, del Ministerio de Relaciones Exteriores.

 

 

 

A partir de lo anterior y en concordancia con objetivos de calidad, el estudio se encuentra esbozando propuestas de actuación que pudieran dar coherencia y justificar un set de iniciativas. Por ejemplo, a la fecha han surgido ideas en torno a la implementación de áreas de conservación, infraestructura, equipamiento ganadero, desarrollo de contenidos educativos y el mejoramiento de praderas y suelos; todos ellos sobre la base de la asociatividad, que es un capital característico de la población regional.

Desafíos, experiencia y aprendizajes

El estudio piloto aún presenta el desafío de lograr incorporar la mirada sistémica del territorio en la gestión del patrimonio bajo la perspectiva de paisaje. Este desafío implica trascender más allá del término del proyecto y los límites de la cuenca, hasta convertirse en un precedente con hechos demostrativos que, en sinergia con las crecientes demandas ciudadanas, estimulen el diseño de políticas que integren el paisaje como medio de gestión y ordenamiento del territorio, y vincule a leyes e instrumentos normativos.

Los avances, experiencias y aprendizajes a la fecha nos permiten plantear algunas reflexiones en materia de logros y dificultades:

−− El desarrollo del proyecto ha contribuido a generar e integrar diversas visiones y un gran cúmulo de información, base para una reflexividad colectiva de carácter interinstitucional, intersectorial y local en torno a la cuenca. Esto ha permitido disponer de elementos para enriquecer y dar mayor profundidad a las decisiones y estrategias de gestión directa del patrimonio, como también a aquellas que actúan sobre otros componentes del territorio, pero que impactan en aquel. Cobra importancia el rol del municipio como entidad legítima para la implementación de los  instrumentos de paisaje, en torno a lo cual confluyan los diversos actores que inciden en el territorio.

−− Las condiciones geográficas extremas del territorio de Aysén —un aspecto a tener en cuenta en este tipo de proyectos— implican que la etapa de relevamiento de información in situ requiera de una significativa inversión en tiempo y recursos.

−− Durante la fase de modelado e integración espacial de las variables y fenómenos, pudimos constatar que el desafío de alcanzar un mayor grado de síntesis del paisaje, requiere de un continuo y detallado trabajo participativo de valoración de los respectivos atributos por parte de los actores locales y expertos.

 

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1 “Diagnóstico del paisaje cultural de la cuenca del Río Ibáñez” (BIP N°30093787– 0), ejecutado por la Corporación Poloc (diciembre de 2012 a
abril de 2014).
2 El estudio se basa en el enfoque desarrollado por el Observatorio de Paisaje de Catalunya (Joan Nogué, 2006).

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REFERENCIAS
Backhaus, N., C Reichler y M. Stremlow (2007). Paysages des Alpes : De la représentation à l’actioni. “Paysages et habitats de l’espace alpin”
du Fonds national suisse de la recherche scientifique, Lausanne et Burgdorf – Suisse (48).

Besse, J.-M. (2009). Le goût du monde: exercice de paysage. Arles/ Versailles: Actes Sud/Ensp.

Consejo de Europa (2014). Convenio Europeo del Paisaje (2000), Consultado el 17 de febrero. <www.cidce.org: http://www.cidce.org/ pdf/Convenio%20Paisaje.pdf>

Nogué, J. (2006). Prototipus de cataleg de paisatge. Bases conceptuals, metodologiques i procedimental per elaborar els catalegs de paisatge de Catalunya, Catalunya, Observatori del Paisatge.

Nogué, J. y P. Sala (2008). El paisaje en la ordenación del territorio. Los catálogos de paisaje de Cataluña, en Cuadernos Geográficos. Consultado el 1 de febrero de 2014 <http://estudiosterritoriales.org/
articulo>

Roger, A. (2008). Vida y muerte de los paisajes. Valores estéticos, valores ecológicos, en J. Nogué, El paisaje en la cultura contemporánea, Madrid, Biblioteca Nueva.

Rössler, M. (2000). Los paisajes culturales y la convención del patrimonio mundial cultural y natural: resultados de reuniones temáticas previas, Unesco.

Urquijo, P. y N. Barrera (2009). “Historia y paisaje. Explorando un concepto geográfico monista”, en Andamios. Revista de Investigación Social, número 5, volumen 10, 227-252.

Vasak, K. (1977). Human Rights: A Thirty-Year Struggle: the Sustained Efforts to give Force of law to the Universal Declaration of Human Rights, Unesco Courier 30:11.

Zimmer, J. (2008). La dimensión ética de la estética del paisaje, en J. Nogué, El paisaje en la cultura contemporánea, Madrid, Biblioteca Nueva.

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