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Diciembre 2012

Mall de Castro, patrimonio y calidad de vida

Por Lorenzo Berg Costa

“¿Cuáles serían las principales transformaciones e impactos del proyecto del mall?, principalmente que concentrará una gran cantidad de funciones en un solo punto del centro histórico para las que no está diseñado, sufriendo una suerte de elefantiasis urbana”

Arquitecto, académico Universidad de Chile y de Los Lagos. Ex director de obras de Castro.
Mucho se ha escrito y dicho sobre el nuevo mall de Castro, las evaluaciones más comunes se centran en problemas superficiales y en una visión muy sesgada de patrimonio, es así como una editorial del diario La Tercera del 21 de abril (2012), le atribuye a las críticas a este proyecto un carácter “estético y mezquino”. Me atrevería a señalar que tanto las propias autoridades políticas y técnicas, así como también la comunidad castreña, caen en una mirada parcial del problema y confían ciegamente en la neofilia o gusto por lo nuevo, lo que ha sido aprovechado por los vendedores de una discreta modernidad llevando a algunos inescrupulosos a ofrecer en el mercado inmobiliario por ejemplo, un cine que nunca se concretó. El caso del mall es un ejemplo más del impacto que pueden producir los megaproyectos en mini-ciudades, particularmente si se hacen en localizaciones sensibles a las transformaciones radicales. En tal sentido, lo que interesa medir de estos proyectos es el impacto que pueden producir en un determinado lugar y su forma de habitar; citando la respuesta de Maturana a la pregunta que se le realizó, ¿es Chile un país sustentable?, “definitivamente sí, depende de lo que hagamos. Hablamos de cambio, frecuentemente como si el cambio fuese algo importante, un grado de innovación. Pero lo central en el cambio es lo que se quiere conservar; porque lo que se quiere conservar define lo que se puede cambiar. Esto no es algo trivial, es una condición sistémica (…)” (Maturana, 1997). Es muy claro Maturana al señalar que la sustentabilidad tiene que ver con el modo en el que se maneja el paisaje del ser humano, simbiosis entre naturaleza y cultura, estructuras ciertamente dinámicas, por lo que para que una transformación sea favorable se debe considerar aquellos aspectos primordiales y positivos de un sistema. Pareciera ser que la ecuación más pertinente entonces es hacer lo Nuevo (N) si y solo si es igual o mejor que lo Preexistente (P), es decir N>P.

Volvamos a Castro, capital provincial con 40.000 habitantes urbanos, una de las escasas ciudades pequeñas en Chile, con excelente nivel de comercio, servicios, infraestructura en un área central perfectamente caminable, con construcciones bajas que permiten buen asoleamiento y baja densidad donde el impacto vehicular aún es mínimo. Es decir una calidad de vida tan asimilable a la vida de un barrio residencial con equipamiento completo, comparable a una buena ciudad como Puerto Varas a la que los castreños admiran tanto, o muy cercana a un estándar de ciudad europea pequeña.

¿Cuáles serían las principales transformaciones e impactos del proyecto del mall?, principalmente que concentrará una gran cantidad de funciones en un solo punto del centro histórico1 para las que no está diseñado, sufriendo una suerte de elefantiasis urbana.

Algunos impactos incluyen el vial ya que se concentrará una gran cantidad de flujo vehicular sobre una trama urbana estrecha y que debe soportar el paso de la ruta 5 sur que cruza Castro; una concentración de comercio que, seguramente, competirá con los locales tradicionales; el volumen construido, creará una sombra gigante al entorno y obstaculizará las mejores vistas de la ciudad.

Estos efectos, darán pie a que se pueda seguir con esta dinámica de construcciones sobre una ciudad pequeña, como diría el arquitecto Renato Vivaldi (2012) radicado en Italia y antes en Chiloé, lo hecho en Castro se podría comparar con permitir que en Venecia se hiciera un mall, algo equivalente a un monstruo sentado sobre ciudades declaradas como patrimonios de la humanidad. Es esto lo monstruoso del proyecto, por lo feo de situarse en un contexto de una ciudad cuyos patrones de organización son a partir del tamaño de lo doméstico, esa es la urbanidad de Castro, y quizás sea una de las características menos aprehensible de los ciudadanos en relación a sus entornos cotidianos. El arquitecto polaco Amos Rapoport (1969) decía “la forma urbana es expresión de cultura”, tal vez lo difícil sea lograr dimensionar cómo ciertas funciones, forma y localización en este tipo de intervenciones alteran de manera irreversible un patrimonio urbano-ambiental, no en el sentido estético, sino ético. Un paisaje cultural heredado que si se valora por sus ventajas comparativas en cuanto a calidad de vida cimentadas por un entorno con una particular escala humana, en la medida que se modifique como sistema ambiental en forma radical, ciertamente tendrá un impacto en la forma de organización urbana de la cultura local y su particular vida social.

Es evidente que el tema no es impedir la construcción de un centro comercial en Castro, el problema es que la tipología de mall destruirá el tejido físico de la ciudad y soporte de la vida social, del mismo modo que la vida de diversas familias dependen de si viven en edificios en altura, casas aisladas o condominios. En tal sentido, la ciudad como el mayor objeto patrimonial heredado y que debiera garantizar el bien común de la vida social, ha sido resultado de una trasgresión de parte de ciertos agentes privados con la aprobación de los entes públicos, y que seguramente perseveran en “regularizar” este proyecto acudiendo a todos los resquicios técnico-legales vigentes. Una visión más sustentable y actual del patrimonio de vida urbano-ambiental debiera imperar, para lo que se necesita organizaciones comunitarias más comprometidas y preparadas para planificar sus cambios culturales a partir de la definición y cuestionamiento adecuado sobre qué conservar. Acción muy necesaria en nuestros tiempos donde los ciudadanos buscan establecer la ecuación más Sociedad (S), menos Mercado (M) y menos Estado (E), es decir +S=-E-M.
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[1] Castro con Santiago y La Serena, son las ciudades chilenas más antiguas que mantienen su ubicación y trazado original colonial.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Maturana, Humberto (1997): ¿Es Chile un país sustentable?. Doc.

Rapoport, Amos (1969): House Form and Culture. Milwaukee, University of Wisconsin.

Vivaldi, Renato (2012): El monstruo sentado en el agua, Doc.

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