OC 16 – Estudios


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Abril 2013

Marco de Estadísticas Culturales

Por Sección de Estadísticas Culturales

Texto elaborado por Juan Carlos Oyarzún, coordinador de la Sección de Estadísticas Culturales.

 

El problema

Del proceso de consulta a los expertos nacionales se desprende que existe consenso al momento de diagnosticar la situación actual de la producción de información y conocimiento en el sector cultural y el acceso a ellos. La opinión general es que la información no es sólo escasa, incipiente e insuficiente para cada sector, sino que también de difícil acceso y poca difusión. Se considera que las fuentes de información son limitadas, poco confiables los indicadores y escaso el acuerdo entre los actores involucrados en la generación de información en los diferentes sectores del ámbito cultural. Por último, se estima que las iniciativas desarrolladas se establecen a un nivel macro y general, lo que impediría apreciar los detalles y especificidad de cada dimensión cultural a nivel local.

Sin embargo, al contrastar estas afirmaciones con las distintas fuentes de información de las que dispone el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, nos encontramos con ciertas inconsistencias que se hacen patentes al revisar referentes estadísticos como la Comisión de Estadísticas Culturales 2003 (la que entrega una taxonomía a utilizar y más de 900 indicadores); la Cartografía Cultural de Chile, la Encuesta Nacional de Participación y Consumo Cultural, el Anuario de Cultura y Tiempo Libre, la Cuenta Satélite de Cultura y ,más recientemente, el Mapeo de Industrias Creativas de Chile, además de otras fuentes de esta y otras instituciones. Por otro lado, si comparamos la situación nacional con la de otros países, queda de manifiesto que la mayor disponibilidad de estadísticas económicas y sociales, sumada al acceso a diversos sistemas internacionales de clasificación actualmente en uso, han hecho posible una medición más eficiente de la dimensión económica y social de la cultura. Resulta inexplicable, entonces, la nula sintonía entre la opinión de los agentes culturales y la información disponible.

El problema podría deberse, a nuestro juicio, a dos causas: por una parte, a serias deficiencias en la difusión de los contenidos y, por otra, -en una dimensión más compleja y estratégica- a un enfoque incorrecto de los ámbitos de delimitación del heterogéneo fenómeno cultural[1]. En relación a esto último, debe considerarse que la aplicación de categorías al campo de la cultura resulta un ejercicio particularmente complejo dada su naturaleza doble: es, al mismo tiempo, contenedor de producción simbólica y, por otro, funcional al fin por el cual fue hecho, por lo tanto su presencia o ausencia influye directamente sobre los principios que ostenta la sociedad que los origina, consume y apropia.

Delimitar y establecer qué elementos deben ser medidos y cuáles son los límites, estructura y extensión de los bienes y servicios culturales a analizar son tareas tremendamente complejas. Estas taxonomías deben otorgar sentido a los datos o, de lo contrario, estos últimos no podrán ser utilizados por los agentes para quienes han sido levantados, sumando a la dispersión de la institucionalidad cultural una nueva dificultad: la dispersión de dominios que podrían ser adscritos a un Marco de Estadísticas Culturales. Lo anterior queda ilustrado en el caso del Patrimonio Natural, que tendría componentes que hoy se encuentran en instituciones como el Ministerio del Medio Ambiente o el turismo cultural, ámbito que Unesco categoriza como parte de los dominios relacionados a cultura.

Adicionalmente, los cambios tecnológicos de los últimos 50 años han revolucionado las formas de participar/consumir/apropiar los contenidos culturales. Considerando esta dinámica, existe una cantidad importante de esfuerzos a nivel nacional e internacional, en la forma de iniciativas e instituciones, cuyo objetivo común es construir o modificar sus Marcos de Estadísticas Culturales (MEC Unesco 2009, ESSnet Culture 2012) lo que da cuenta del carácter transversal de la estadística asociada a cultura.

 

Visión sistémica

A nivel nacional, existe la necesidad de conocer la utilidad de las estadísticas culturales y el propósito que queremos darle al levantamiento y sistematización de la información. Surgen así las preguntas en torno a quiénes serán sus principales usuarios, cuál será la forma de accesibilidad, cuáles son los incentivos que tiene determinada institución para llevar a cabo un proceso de estadísticas, qué personal se requiere para dichas áreas, cuál es el impacto social y económico del proceso y cuál será su repercusión.

 

Asimismo, se plantea la necesidad de generar un marco que facilite el desarrollo de análisis cruzados de información y la comparación entre sectores y territorios. Resulta perentorio, además, generar datos georreferenciados que permitan realizar cruces con las particularidades de cada sector y mapear a nivel local las potencialidades de desarrollo de cada dimensión; estos procesos deben enmarcarse en un modelo integrador que incluya a todas las dimensiones del desarrollo. Considerando lo anterior, se elaboró un modelo sobre el cual interactúan los bienes y servicios culturales con el resto de las variables sociodemográficas y cuyo objetivo es obtener métricas para el apoyo de la medición de los indicadores de sustentabilidad (indicadores de vitalidad cultural + indicadores de responsabilidad ambiental + indicadores de prosperidad económica + indicadores de equidad social)

“No es posible concebir ninguna acción (pública o privada, individual o colectiva) sin considerar que esta posee múltiples dimensiones de identidad/significado y cada una es parte constituyente de un sistema, que a su vez integra dimensiones de identidad/significado mayor o más complejos” (Experto 9 Delphi).

Dominios culturales

La generación de dominios culturales surge de la necesidad de referirse de algún modo a la multidimensionalidad de un marco estadístico:

“Es fundamental contar con estadísticas que permitan visibilizar y medir su real magnitud, desarrollo y repercusión tanto social como económica”. (Sesión 5, mesa 2)

“Aún es muy disciplinar, asociado a campos de producción académico, estamos en un proceso incipiente de asumir la contribución al desarrollo económico y social de la cultura”. (Sesión 4, mesa 3)

A lo anterior debe agregarse el carácter general y permeable de los límites de los dominios culturales. Resulta imprescindible ampliar los márgenes de estos dominios para permitir la homologación de procesos, experiencias e innovaciones que puedan ser adaptables a otros dominios. Los dominios debiesen contar con la flexibilidad necesaria para adaptarse a las cambiantes fronteras de las disciplinas, las que, sin duda, continuarán en movimiento como resultado de los cambios tecnológicos que redundan en modificaciones en los patrones de consumo cultural.

En estos nuevos escenarios, la utilización de marcos flexibles que faciliten la integración de nuevas actividades creativas/culturales es completamente pertinente, como queda de manifiesto en la inclusión del concepto de Ecología Creativa como modelo a considerar.

Teniendo en cuenta lo antes expuesto, se llegó a la siguiente clasificación de dominios:

  • Dominios culturales nucleares: Patrimonio, Artes visuales, Artes escénicas, Artes musicales, Artesanías, Artes literarias, libros y prensa, Medios audiovisuales e interactivos, Arquitectura, Diseño y servicios creativos
  • Dominios transversales: Educación, Infraestructura y Equipamiento.

Ciclos culturales

De acuerdo a las fases de ciclos culturales identificados, se ha intentado incluir a todas las etapas mínimas necesarias para el desarrollo de las distintas actividades artístico culturales, en función de los criterios económicos y sociales que intentan representar, poniendo especial énfasis en que los ciclos interpreten de manera efectiva la dinámica que presenta el sector.

“Los ciclos culturales propuestos responden a los diferentes énfasis, concepción de cultura, desarrollo económico-social y dominios de los que se han dotado los países. Creo que es posible representar el ciclo de manera genérica para el sector cultura con fines de difusión y de política pero creo que cada ciclo tiene relación con su dominio y son necesariamente distintos”. (Sesión 2, mesa 2)

Por otro lado, se plantea que “no deben ser jerarquizables, destacando las especificidades de aquellos dominios de carácter patrimonial y aquellos genéricos de la cultura y las artes. Los ciclos son adaptables, recursivos y capaces de ser monitoreados” (CNCA, 2012: 80)

Finalmente, los dominios y ciclos culturales se integran en un modelo que intenta incluir todos los ámbitos de acción identificados -territorial, regulador (protección, regulación, fomento) y los dominios de soporte (Educación, Infreaestructura y Equipamiento)- resultando la gráfica anterior.

Los siguientes pasos

Es necesario implementar un sistema de información para los diversos actores que conforman el sistema cultural: consumidores, artistas, productores, centros de investigación, centros de formación profesional, etc. Además, se requieren indicadores propios de cada sector cultural, como el sector industrial de libros y el de patrimonio y sus museos. Por último, se debe contar con información procesada y analizada de temas económicos, encadenamientos productivos, impacto, buenas prácticas, modelos de gestión, etc.

“Diseño del área de acción referida a la atención de los usuarios y el diseño de la orientación y destino de las acciones y recursos. Pero, por otra parte la posibilidad de contar con estas estadísticas abre nuevos vínculos para entender y abordar la asociatividad (cómo se relaciona el hotel con el museo y con la librería, etc.)”. (Sesión 5, mesa 3)

Es evidente que la implementación de un sistema estadístico cultural supone una serie de oportunidades y riesgos. Dentro de los aspectos positivos, permite tener registros y evaluaciones sostenidas y estudios de impacto de las políticas públicas en cultura, elementos que propician la generación y crecimiento de las dinámicas del ciclo cultural e impulsan áreas como la formación de capital humano, la asociatividad, el aseguramiento y la calidad.

“Desarrollar un sistema de estadística cultural permite entender nuestra sociedad como un sistema general donde forman parte todos los actores sin exclusión: creadores, promotores, consumidores, etc.” (Sesión 5, mesa 3)

En cuanto a los riesgos, un sistema estadístico cultural resulta inconducente si los datos se vuelven centralistas y desvinculados de las realidades locales, si se enfocan únicamente en las audiencias y en el consumo, si la información no es actualizada o si se utilizan medios inadecuados para la recopilación de datos, así como si hay desconocimiento y poca cultura estadística por parte de los agentes culturales, reflejado ello en su capacidad de gestión.

La complejidad de llevar a cabo este proyecto, identificable en diferentes dimensiones de su desarrollo, junto con las coyunturas de plazos, se transforma en un desafío que asume la institución con la convicción de que, a pesar de los puntos antes expuestos, es una herramienta necesaria para la correcta implementación de un marco de estadísticas culturales en nuestro país. Por este motivo, se realizará durante este año un diagnóstico estratégico/táctico de mediano y largo plazo cuyo producto es un Plan Estratégico de Desarrollo del Sistema de Información Cultural, que debe dividir el desarrollo en etapas, según foco, objetivos, complejidad, funcionalidades, recursos necesarios y resultados esperados.

 

 

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[1] La actividad cultural humana tiende a ser agrupada según criterios de similitud en torno a la creación, producción, distribución y consumo/apropiación de un amplio y heterogéneo espectro de bienes y servicios.
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BIBLIOGRAFÍA:

CNCA (2012): Marco de Estadísticas Culturales Chile 2012, Santiago, Departamento de Estudios, Sección de Estadísticas Culturales.

CNCA (2011): Documento interno de trabajo, proyecto Marco de Estadísticas Culturales para Chile, Anexo 1 Citas, Santiago, Departamento de Estudios, Sección de Estadísticas Culturales.

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