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Noviembre 2011

Generaciones y producción de cultura en el Chile actual

Por Klaudio Duarte Quapper

Sociólogo y educador popular. Académico del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile, coordinador del Núcleo de Investigación en Juventudes

 

Entre los diferentes prismas que se han construido para observar la sociedad desde las ciencias sociales, uno que está teniendo un despliegue emergente, de difusión reciente y que paulatinamente va ganando en sistematicidad, es el que denominamos perspectiva generacional para leer lo social (Duarte, 2005; Muñoz, 2009). Esta se articula con otras de más amplio desarrollo –clase, género, etnicidad, entre otras–, y un desafío consiste en su uso sinérgico. Cuando decimos perspectiva generacional asumimos para esta reflexión los planteamientos de Karl Mannheim en orden a lo generacional como referencia no cerrada ni finita, sino más bien como referente simbólico que se constituye a partir de la interrelación por vivir un mismo período histórico, el establecimiento de vínculos a partir de aquello que se está viviendo y la adhesión a un cierto uso de aquello que se vive (Mannheim, 1993).

En esa dirección, la antropóloga Margaret Mead (1997) ofrece un lúcido análisis de la producción de cultura en la historia de la humanidad y de sus efectos en las relaciones sociales, distinguiendo tres modos de establecer vinculaciones entre generaciones, que conviven hasta hoy. La cultura postfigurativa es aquella en que las personas jóvenes aprenden prioritariamente de los mayores, pues el eje de este modo cultural se sostiene sobre el convencimiento de que la forma de vivir y saber de los ancianos es inmutable e imperecedera. Este eje se sostiene principalmente en la transmisión de experiencias, el pasado juega un rol fundamental en estas relaciones. Mead denomina cofigurativa a la cultura en la que el eje no está en los y las mayores sino en los contemporáneos, lo que permite a las personas más jóvenes articularse de otra manera con los mundos adultos modificando las lógicas de transmisión anterior. Ahora el eje se sostiene sobre la transmisión de conocimientos y en eso el sistema educativo –en todos sus niveles– ha jugado un papel fundamental, desde la revolución industrial y la implantación del capitalismo hasta hoy. El tercer modo cultural, que se ha venido desplegando desde la revolución tecnológica hasta ahora, se caracteriza porque los coetáneos reemplazan a los mayores –adultos/as mayores y adultos/as–, instalando una forma de ruptura generacional en lo que Mead cataloga como cultura prefigurativa. La posesión de información, además como proceso mundializado, es la característica central de este modo de producción cultural y de relaciones sociales.

Aquí es donde invito a detenerse en la observación que hacemos sobre la producción cultural en Chile, desde una mirada generacional. Los modos de producir cultura –referidos al plano de acceso y al uso de bienes culturales– dan cuenta de esta condición prefigurativa actual: en los accesos a artefactos tecnológicos ya no se necesita a los mundos adultos para aprender, y en los intereses y despliegues en sus usos existen diferencias relevantes marcadas por la condición generacional y también por las posiciones en la estructura social en el interior de las generaciones jóvenes.

En términos metodológicos, los instrumentos usados y el modo de construir muestras nos obliga a la referencia a las edades, pero hacemos la inflexión epistemológica al considerarla así, solo como referencia y no como variable explicativa de los fenómenos observados; para ello buscamos factores explicativos en los contextos sociales y culturales y en las opciones que en esos contextos despliegan las distintas generaciones, sin perder de vista las diferenciaciones internas que en ellas se producen. Así, no se trata solo de diferencias etarias, que sería una forma poco compleja de elaborar, sino de posiciones en la estructura de relaciones generacionales en la sociedad actual. Esta pertenencia generacional la distinguimos entre juventudes, adultez y adultez mayor[1].

La política pública, en el ámbito cultural, ha de considerar esta condición generacional en el momento de elaborar políticas y programas para el conjunto social.

 

Sobre acceso y uso de bienes culturales

En este plano de la producción de cultura, si atendemos a los datos del Reporte estadístico Nº 10 sobre Grupos Etarios, se muestran algunas semejanzas interesantes de observar. Por una parte, existen ciertos artefactos tecnológicos a los que hoy se tiene un acceso abierto y masificado, como son la radio, la televisión y paulatinamente la computación y el internet. Para el caso de la radio y la televisión, ha de considerarse que son artefactos incorporados a los hogares y ciertos espacios públicos desde hace décadas y que no requieren mayor destreza en su uso. Estos aparatos permiten a las diversas generaciones acceder a formatos de información de manera semejante sin grandes diferencias, lo cual contribuye, además, a la simultaneidad en el conocimiento de lo que está ocurriendo en el mundo. Sin embargo, las diferencias se producen en los contenidos de dicho uso, ya que mientras las generaciones jóvenes usan más la radio para escuchar música, las generaciones adultas lo hacen para construir una opinión sobre un cierto tema y las de adultos mayores, para estar informados. Hago notar que escuchar música es en común el aspecto mayoritario en las tres generaciones y sobresale estadísticamente respecto de los otros dos (Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, 2011; 8).

 

Por otra parte, el uso de computadores e internet requiere de ciertas destrezas, que al parecer están más en las generaciones jóvenes que tendrían una condición de nativos digitales –han nacido en un mundo tecnologizado en cuanto a computación e internet–, en tanto que las y los mayores estarían en condición de migrantes digitales –han venido de un mundo sin esta tecnología a uno en el que ella está presente en casi todos los espacios cotidianos– (Pavez, 2008). Esta situación les está implicando hacer esfuerzos, a las generaciones mayores, para lograr incorporarse a este nuevo “territorio” que habitan y que está mediado por las tecnologías computacionales. Habría que agregar en este último sentido que esta mayor disposición al acceso y uso, en las generaciones jóvenes, del computador e internet se debe a que consideran estas y otras tecnologías como elementos indispensables para la vida: estudio, trabajo y vinculaciones (Pavez, 2008).

Esta mayor presencia de computadores e internet en los hogares es ratificada por la VI Encuesta Nacional de Juventud realizada el año 2009, que da cuenta de las variaciones respecto de la observación de dos años antes y ratifica el aumento de acceso y uso. A partir de dicha medición, si hacemos foco en la generación joven, debe explicitarse que las diferencias internas por nivel socioeconómico, género, localización territorial y posición en la estructura ocupacional –estudia, trabaja, trabaja y estudia, entre otras– son condicionantes que producen importantes brechas en el acceso: más posibilidades para quienes pertenecen a niveles socioeconómicos altos que para quienes están en los grupos más bajos; más acceso entre los varones que entre las mujeres; más utilización en las urbes que en los sectores rurales, y más uso entre quienes solo estudian (Instituto Nacional de Juventud, 2010). Por ello, no ayuda en la reflexión construir una imagen que homogeniza a las y los jóvenes como si en su totalidad fueran una generación incorporada a este “territorio” tecnológico y la condición de nativo solo fuera una cuestión etaria. Las diferencias internas son una voz de alerta respecto de que el acceso y uso están altamente condicionados por los atributos identitarios señalados.

Volviendo a lo intergeneracional, vemos que el tipo de utilización de internet marca diferencias interesantes. Los datos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (2011; 7) muestran que para las y los adultos mayores (60 y más años en la encuesta) se trata de un instrumento para la búsqueda principalmente de información (48,8%) y en menor medida para la comunicación (28,2%); las y los adultos (entre 30 y 59 años), en tanto, vinculan con internet la comunicación (aproximadamente 44%) y la información (40%); mientras que para las y los jóvenes (entre 15 y 29 años) es un instrumento de comunicación (58,6%) más que de información (21,2%). Las necesidades e intereses específicos de cada generación constituyen el eje que define estos tipos de uso, cuestión que se ratifica en los extremos, ya que para los jóvenes es más útil el internet para bajar música que para buscar prensa y noticias, a la inversa que para los adultos mayores, que privilegian esto último y quizás no conciban acceder a la música por esta vía, cuestión que es parte del panorama de consumo de los más jóvenes (Duarte, 2009).

Reflexiones finales

Como hemos visto, lo generacional no remite exclusivamente a juventudes. Abre más bien una perspectiva que permite observar lo social haciendo énfasis en la relación de una dinámica social que se constituye sobre la base de imaginarios comunes de contemporáneos, no necesariamente coetáneos, que se asemejan en torno a determinadas prácticas sociales y culturales, a partir de cómo elaboran las marcas de su época. Sin embargo, ello no les homogeniza, sino por el contrario, permite, por la dinámica y ahora complejidad señaladas, dar cuenta y reproducir diferencias intrageneracionales que son propias de la estructura social en que están insertos.

Es vital que la política pública considere estas condiciones generacionales que, más allá de la edad, dan cuenta de cómo las diferentes oleadas de sujetos sociales se van posicionando ante los cambios culturales. Estas variaciones han tenido menos o más vertiginosidad, distinta intensidad y efectos diferenciados. Ello debe considerarse pues pasaron décadas entre la aparición de la radio y la televisión, por nombrar dos artefactos tecnológicos muy presentes en el hogar actual; mientras que entre el internet, el DVD y las redes sociales el tiempo ha sido breve y cada vez parece que será menor respecto de los artefactos que vienen. Un desafío para la política que quiere promover producción cultural democrática es considerar ese elemento temporal contextual y tratar de entrar en el ritmo, de lo contrario, corre el riesgo de quedar –o quizás seguir– desfasada.

Las transformaciones culturales muestran, como sugiere Mead, que la condición prefigurativa tiende a prevalecer en la actualidad y que ello produce distancias y rupturas generacionales. La política pública que promueve la producción cultural puede ayudar a reconstruir esos puentes rotos y a que la ciudadanía elabore mecanismos para que, respetando las diversidades generacionales, pueda encontrar puntos de encuentro tendientes al respeto y fortalecimiento de las distintas generaciones en su acceso, goce y uso de los bienes culturales. Una condición clave en esa pretensión es que niñas, niños, jóvenes, las y los adultos y adultos mayores cuenten con contextos sociales que permitan y estimulen aprehender mutuamente, modificando los supuestos de las lógicas post, co y prefigurativas, e instalen una nueva figura en las relaciones generacionales: algo como equifigurativas, vale decir, aquellos modos de producción de cultura asentados sobre relaciones de equidad, en que el respeto a lo diverso y la colaboración puedan dar identidad a las relaciones generacionales.

 

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[1] No se cuenta con datos sobre niñez, por lo que si bien es relevante, hay imposibilidad de incluirlo en este análisis. Es una tarea pendiente, que además muestra parte de la matriz adultocéntrica en nuestra sociedad (Duarte 2005 y 2009).

 

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Bibliografía

Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Departamento de Estudios (2011). “Reporte estadístico Nº 11, Grupos Etarios”. Disponible en http://www.cultura.gob.cl/reportes/Reportes_Estadisticos_Cultura.html

Duarte, Klaudio (2009). “Sobre los que no son, aunque sean. Éxito como exclusión de jóvenes empobrecidos en contextos capitalistas”. En Revista Última DÉCADA Nº 30, CIDPA. Viña del Mar.

Duarte, Klaudio (2005). “Trayectorias en la construcción de una Sociología de lo Juvenil en Chile”. En Revista Persona y Sociedad. Volumen 19, N° 2. Universidad Alberto Hurtado. Santiago.

Instituto Nacional de Juventud (2010). 6ª Encuesta Nacional de Juventud. Capítulos 10 y 11. INJUV. Santiago.

Mannheim, Karl (1993). “El problema de las generaciones”. En Revista Española de Investigaciones Sociológicas. N° 62. Centro de Investigaciones Sociológicas. Madrid.

Mead, Margaret (1997). Cultura y compromiso. Estudio sobre la ruptura generacional. Gedisa. México.

Muñoz, Víctor (2009). Generaciones. Juventud universitaria e izquierdas políticas en Chile y México. (Universidad de Chile- UNAM 1984-2006). Mimeo.

Pavez, María Isabel (2008). Nativos e inmigrantes digitales: caracterización exploratoria de estudiantes universitarios. Tesis de grado de Magíster en Antropología y Desarrollo. Universidad de Chile. Santiago.

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