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Diciembre 2011

Araucanía artesanal: atributos y adversidades de un territorio

Por Leslye Palacios Novoa

Master en Diseño Industrial, Istituto Europeo di Design, Milán, Italia (2007); Coordinadora Programa de Artesanía Departamento de Diseño, Universidad Católica de Temuco. Miembro del Comité Asesor del Área Artesanía Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

 

Solía verla caminar de un lugar a otro, haciendo girar el huso, retorciendo la blancura de la lana.
Hilos que en el telar de las noches se iban convirtiendo en hermosos tejidos
Como mis hermanos y hermanas
—más de una vez—
intenté aprender ese arte, sin éxito.
Pero guardé en mi memoria el contenido de los dibujos
que hablaban de la creación y resurgimiento del mundo mapuche
de fuerzas protectoras, de volcanes, de flores y aves.

Elicura Chihuailaf

 

En la Araucanía se observa un territorio distinto al cruzar la frontera, lleno de connotaciones desprendidas de sus peculiares fuerzas protectoras, de volcanes, de flores y aves, citando al poeta. Pero no solo eso. Una región diversa en actitudes, enfoques y posturas que convergen, en un entorno donde cohabitan diversas culturas: la mapuche, los colonos inmigrantes europeos y la chilena criolla, cuya mezcla e intercambio dotó a la Araucanía de una fusión de identidades, las cuales se ven reflejadas en todos los sistemas de relaciones presentes en la actualidad. Sin duda, lo mapuche inunda las manifestaciones artísticas y culturales regionales, otorgando un sello identitario y diferenciador.
La artesanía es uno de esos sistemas, con sus propias dinámicas y propiedades, influenciada y determinada por el territorio, en tanto sus peculiaridades, fortalezas y debilidades. Las cifras que se deprenden de los recientes reportes estadísticos acerca del patrimonio material nos sacuden con un dato: es una de las manifestaciones que más ha bajado su demanda en el mercado de las artes, durante los últimos cinco años.

Sería interesante, entonces, profundizar en las razones por las cuales se produce este fenómeno, en un país con una política cultural que promueve un sinnúmero de iniciativas de valoración patrimonial y donde, a pesar de ello, los artesanos siguen siendo el estamento más olvidado. La informalidad de su actividad, la desprotección de sus obras, la pérdida de espacios históricos para la comercialización, la estacionalidad de su producción, los intermediarios, el comercio injusto, son algunas de las brechas transversales del sector a nivel nacional. Si a estos puntos críticos añadimos la influencia de cierta diversidad étnica y cultural, podemos aproximarnos hacia las primeras claves del perfil sociocultural de estos actores, que incluye tanto a individuos como a instituciones.

En una reciente investigación regional, quedó en evidencia que los productores de arte y cultura en la Araucanía reproducen la diversidad étnica que caracteriza el territorio, la cual fue constatada, por ejemplo, respecto del origen étnico de las personas naturales que se adjudicaron proyectos Fondart en los últimos años, en comparación con los no mapuche[1].

Otros datos estadísticos presentan a la Araucanía como una de las regiones con menos porcentaje de asistencia a ferias artesanales por región, es decir, a la baja demanda se suma la baja asistencia de público, lo que influye significativamente en la posibilidad de comercializar. La función de la artesanía, que hace una década solo era reconocida en el área de la cultura y como protección del patrimonio cultural, es ahora aceptada ampliamente como un componente importante en la vida económica y social en la mayoría de los países[2].

Desde el momento en que la artesanía ha sido reconocida como un sector productivo, se han llevado a cabo múltiples iniciativas de fomento, dirigidas a potenciar aquellos elementos más deprimidos en la cadena de valor. El objetivo de las intervenciones pueden ser la conservación patrimonial, el registro y la documentación, la difusión, el mejoramiento de técnicas y procesos productivos, la creación de nuevos productos, la prospección de mercados e introducción de tecnologías, entre otras, las cuales pueden combinarse entre sí. Sin embargo, es fundamental conocer, diagnosticar y considerar toda aquella diversidad cultural, tangible e intangible, al proyectar, para no reducirla a manifestaciones descontinuadas, midiendo siempre el impacto de dichas intervenciones.

En este contexto, el rol social del diseño nos motiva a proponer iniciativas que consideren sobre todo dicha diversidad, ligada íntimamente al contexto o territorio, pues este lo determina disciplinariamente, delimitando y demarcando los lineamientos globales para su intervención. Desde nuestro ámbito de acción integramos a todos quienes estén dispuestos a participar interdisciplinariamente en este diálogo creativo entre artesanía y diseño. Entonces, ¿es posible que el diseño intervenga como un mediador que permita reactivar la deprimida situación de este sector?

Insertos en las complejidades socioculturales de la Araucanía creemos que esto es viable, siempre y cuando seamos conscientes y respetuosos de nuestros límites en la relación con el otro. Nuevamente aparece la influencia de la diversidad étnica y cultural, la cual se complementa con la aproximación formativa y disciplinaria por parte de los interlocutores. El diseño, como una herramienta para el desarrollo, nos permite proyectar un futuro promisorio para la artesanía, ya que son cada vez más las instituciones regionales, públicas y privadas, que apuestan por su introducción en las iniciativas de fomento del sector. Así pues, los diseñadores son una interfaz entre la tradición y la modernidad, que ayudan a unir la producción artesanal a las necesidades de la vida moderna[3].

En este contexto, la participación de las universidades como generadoras de conocimiento es fundamental, en especial, para apoyar a sectores pequeños pero con capacidades instaladas, como la artesanía, ya que aportan el capital humano especializado a la región.

Si a esto se suman iniciativas que tengan como objetivos fundamentales reconocer la labor del artesano en la sociedad, poner en valor la idea de artesanía, la cual hasta el día de hoy tiene una concepción errada en un gran porcentaje de la audiencia; y educar sobre su importancia patrimonial, incorporando innovadoras estrategias de aprendizaje al currículo escolar desde la enseñanza básica; se estarían dirigiendo los esfuerzos a robustecer los pilares que sustentan el sector. Necesitamos que los ciudadanos se sumen a esta valoración, reflexionen acerca de la artesanía como una manifestación de nuestras raíces y tradiciones y tomen conciencia de que a través de ellas podemos conocer más de nosotros mismos y de nuestros cultores, sus estilos de vida, sus contextos y territorios.

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[1] Berho, Marcelo (2010). Productores de arte y cultura en la Araucanía.

[2] Bouchart, Dominique (2004). ¿Cuál es la importancia de la artesanía en el siglo XXI?

[3] Craft Revival Trust, Artesanías de Colombia S.A. y UNESCO (2005). Encuentros de diseñadores con artesanos.

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