OC 9 – Reseña Bibliográfica


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Junio 2012

Marcos de guerra, las vidas lloradas. Judith Butler

Por Andrea Fernández

Jefa Sección de Evaluación y Políticas Culturales, Departamento de Estudios, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Judith Butler, Paidós, 2010.

 

La palabra marco, en inglés “frame”, hace referencia a lo que rodea un cuadro o una fotografía, y “to frame” significa preparar fraudulentamente pruebas para incriminar a una persona inocente. Para Judith Butler, la noción de enmarcar se ancla en la construcción del sujeto, a los marcos mentales que determinan la relación con la vida de los otros. Además, introduce la diferencia entre dos conceptos: lo precario y la precariedad. La precariedad refiere a una condición inducida en la que ciertas poblaciones se ven expuestas a la violencia y la muerte, mientras que las vidas humanas serían, por tanto, precarias.

Butler se pregunta sobre los mecanismos que las sociedades generan para considerar cuando una vida es “digna de ser vivida y de ser llorada”. Para encontrar su respuesta, Butler recurre a la fotografía. Siguiendo de cerca los planteamientos de Roland Barthes en “La cámara lúcida”, en donde se propone que la fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente, la autora explora la relación entre muerte, amor, duelo y registro fotográfico, identificando su permanente nexo.Del mismo modo, Butler retoma de Susan Sontag la propuesta sobre la representación visual del sufrimiento y la respuesta que tienen las personas en relación a la imagen que se presenta. Así, nos recuerda que la imagen fotográfica ha perdido su capacidad para enfurecer e incitar, especialmente en la visualidad de las guerras y el costo humano que éstas representan, haciendo notar la falta de importancia de la vida en la sociedad contemporánea y la clausura de la sensibilidad humana a la experiencia plena del mundo. De esta forma, la autora afirma que para romper con estos juicios se hace necesario descomponer los marcos que atrapan a los sujetos. Sujetos fundados a través de una sumisión al poder, a un discurso, a reglamentos disciplinadores del cual es posible despegarse. No obstante para ello se debe volcar contra sí mismo, rearticular el poder que lo somete y para lograrlo necesita, entre otras cosas, de nuevos procesos de enmarcamiento.

Asimismo y para ir construyendo su propia noción de marco, Butler destaca algunas ideas de Edward Said en su libro Orientalismo, en el cual reflexiona sobre la construcción del “otro”, que puede ser el oriente, el islam, los árabes. Frente a ello, Said propone al humanismo como la única forma de resistencia posible contra las prácticas inhumanas y el desfiguramiento de la historia.

La autora sostiene la existencia de un conjunto de modos culturales que regulan las disposiciones afectivas y éticas. Éstas operan en la definición de un marco a partir del cual ciertos tipos de violencia nos parecen insoportables y dolorosas, mientras que otros, perfectamente aceptables y tolerables. Además, reflexiona sobre los sujetos que aprehenden en un marco de sentidos la obligación de preguntarse sobre la posibilidad de aprehender lo que es una vida bajo la condición de precariedad de la misma.

En relación a ello, cabe indagar en las bases que sustentan la sensación de horror frente al atentado suicida mientras no ocurre necesariamente lo mismo con la violencia ejercida por instituciones como el Estado. Este cuestionamiento se plantea tomando como campo de análisis la fotografía y los marcos en los que se mueve. De esta manera es posible acercarse a un examen de los marcos psicológicos, políticos y culturales de la representación del dolor, de sus orígenes, y de cómo dichas representaciones se alejan de la opinión general. Un interesante ejemplo de dichos marcos y representaciones ocurre con la poesía en situaciones de horror y espanto: de la misma forma que los poetas fueron condenados por Platón, son acallados los poemas escritos por los presos en Guantánamo:

 

LA HUMILLACIÓN DE LOS GRILLETES[1]

Al oír las palomas arrullando en los árboles,
unas lágrimas cálidas surcaron mi rostro.
Cuando cantó la alondra, mi mente compuso
un mensaje para mi querido hijo.
Mohammad, ¡qué afligido me siento!
En mi pesar sólo Alá puede darme consuelo.
Los opresores juegan conmigo
mientras se mueven libres por el mundo.
Me piden que espíe a mis compatriotas,
y alegan que sería una buena obra.
Me ofrecen dinero y tierras,
y libertad para ir adonde quiera.
Sus tentaciones captan mi atención
como un relámpago en el cielo.
Mas su regalo es una pérfida serpiente
cuyo veneno es la hipocresía.
Levantan monumentos a la libertad
de obra y opinión, que es algo loable.
Pero les digo que arquitectura
no es sinónimo de justicia.
América, cabalgas a lomos de huérfanos,
y los atemorizas a diario.
Bush, ten cuidado.
El mundo sabe ver a un mentiroso arrogante.
A Alá dirijo mi súplica y mis lágrimas.
Anhelo mi hogar y estoy oprimido.
Mohammad, no me olvides nunca.
Defiende la causa de tu padre, un hombre temeroso de Dios.
He sentido la humillación de los grilletes.
¿Cómo puedo crear versos? ¿Cómo puedo escribir?
Después de los grilletes y las noches y el dolor y las lágrimas,
¿cómo puedo escribir poesía?
Mi corazón es como un mar bravo, agitado por la angustia,
frenético por la pasión.
Estoy cautivo, pero mis captores son los criminales.
Me sobrecoge la aprensión.
Señor, llévame con mi hijo Mohammad.
Señor, permite el triunfo de los justos.
(Sami Al Haj)
Los poemas y las fotografías realizadas en un marco de guerra, nos permiten pensar la modernidad como una condición que divide al mundo y que a algunos los ubica a través de mecanismos coercitivos de violencia estatal. En efecto, el marco que estamos siguiendo como sociedad está anclado en el prejuicio, y lo que hoy se desarrolla son luchas identitarias que deben repararse.

Por último, desde la perspectiva de Butler, existen vidas de hombres y mujeres en un limbo ontológico donde no se reconocen como ciudadanos a los olvidados, los desplazados, los y las trabajadores sexuales, los guerrilleros(as), hampones y ancianos, todos ellos sin voz, ni discurso, por ende, vidas dispensables ante los ojos de cualquier Estado. Y justamente es esta “masa de nadie” la que solo puede recurrir al Estado, el mismo que los excluye y los ataca cuando se presenta una oportunidad. En efecto, esos son los márgenes que hoy nos rondan y nos encuadran.

 

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[1] http://www.es.amnesty.org/contra-terror-justicia/poemas-desde-guantanamo/

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