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Octubre 2011

¿Antártica?

Por Paola Vezzani González

Licenciada en Arte, artista visual. Directora regional de la Región de Magallanes y Antártica Chilena, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

 

La riqueza de la Región de Magallanes y Antártica Chilena está en su particular tramado cultural desprendido de las diferentes formas en que a lo largo de los milenios se ha logrado habitar el territorio con sus características históricas, geográficas, climáticas y de biodiversidad, únicas en el mundo. Sin embargo, la conciencia sobre las peculiaridades de la región está en permanente evolución ya sea gracias a descubrimientos científicos o cambios de enfoque. Hoy existe una preocupación en organismos de gobierno, tanto regionales como nacionales, para abordar el tema antártico e instalar en la comunidad local la sensación de vivir en una puerta de entrada a la Antártica.

El Tratado Antártico se firmó en 1959[1] entre los países con reclamaciones territoriales sobre el continente, en el espíritu de la colaboración para la protección del medioambiente y el desarrollo científico en forma abierta y transparente. Hoy se encuentra vigente y Chile es uno de los veintiocho países con derecho a voto, junto a otros veinte que son consultivos. Existen treinta y dos programas antárticos en el mundo, de los cuales dieciocho viajan por Punta Arenas, gracias a la cercanía geográfica[2] y otros factores como la infraestructura de puertos aéreos y marítimos, junto con la posibilidad de contar con un medio para viajar (barco-avión) y acceso a servicios.

Pese a la real y concreta importancia de Chile en el sistema antártico, no existe conocimiento general del continente ni de los avances científicos. Al llegar a Punta Arenas no hay elementos que ayuden a señalar esta importante conexión histórica y geográfica, contrastando con las ciudades de Christchurch y Hobart[3], que tienen su sello en el tema antártico.

Teniendo en mente a la Antártida, ¿qué sucede en la cultura desde un enfoque de la identidad? Si atendemos los resultados de la convocatoria 2010 y 2011 del Fondart Regional[4], llaman la atención tres cosas: primero, que ha habido una notoria madurez en las propuestas de creación de artistas locales; segundo, la mayoría de los proyectos mantienen una conexión con lo propio y singular, ya sea desprendido del paisaje y la relación con el entorno, de los pueblos originarios o de la historia local. Trabajos sin más pretensiones que hacer una obra con rigor presentan rasgos de frescura y novedad y, tercero, no hubo rastro alguno de relación con la Antártica, salvo un proyecto que habla de lo subantártico[5].

Por otra parte, en la línea Desarrollo Cultural Regional, la artista local Andrea Araneda ganó un proyecto que consistió en hacer un taller para niños de un colegio municipalizado. El resultado fue admirable, no solo por los logros de los niños y niñas en temas plásticos, sino porque la riqueza del proyecto estaba en que cada tema propuesto se iniciaba con la presentación de un científico o especialista. Así, las pinturas rupestres, las aves, los cetáceos, la paleontología, despertaron los sueños de los pequeños asistentes al taller y fortalecieron dos cosas: el desarrollo de habilidades desde las artes y el conocimiento de la región, promoviendo así la generación de identidad local. Este ejemplo es un muy buen modelo para trabajar desde pequeños la construcción de identidad antártica.

Es importante mencionar que la región presenta un gran potencial para la investigación científica por las singularidades reconocidas de la ecorregión subantártica. A esto hay que sumar una especie de vocación manifestada en las grandes extensiones de áreas naturales protegidas, ya sean parques del Estado o de privados. Contamos con dos Reservas de Biosfera (Unesco): Parque Nacional Torres del Paine y Cabo de Hornos. También, tenemos un Área Marina Costera Protegida. Otro dato interesante es que el deshabitado Parque Nacional Bernardo O’Higgins es el más grande del país y segundo en America Latina con sus aproximadamente 3,5 millones de hectáreas, que cubren casi la totalidad del extremo norte de la región.

De esta realidad se desprende la facilidad para instalar en la región el interés por el cruce de arte, ciencia, naturaleza y conservación. Así es como se han dado modelos de residencias para artistas, en lugares como el Parque Etnobotánico Omora en Puerto Williams, dedicado a la investigación, el turismo sustentable y la educación medioambiental, o el Parque Karukinka en Tierra del Fuego, con una misión similar. Ambos han significado que grupos de artistas regionales, nacionales e internacionales tengan la experiencia del lugar para luego producir obras.

Ahora, para ser puerta de entrada a la Antártica las ciudades deben responder mostrando su patrimonio material, inmaterial y natural. Así, tal como lo han hecho las ciudades australes de Hobart y Christchurch, es imperioso contar desde instituciones que promuevan la investigación científica y patrimonial, museos y espacios públicos en que pueda apreciarse la conexión con el territorio antártico. Tarea de largo plazo que hoy se encuentra en proceso de instalación, donde paralelamente con el desarrollo de actividades económicas como el turismo, logística y servicios es ineludible lograr que los habitantes de la región reconozcan la Antártica como propia. En efecto, los artistas son un vínculo importante en este camino de ir acercando la noción antártica a la comunidad. Por ejemplo, este año el artista plástico Fernando Prats culminó el recorrido de un proyecto de larga data al instalar en isla Elefante letras de neón con el texto que publicara Sir Ernst Shackleton para reclutar a su tripulación para la expedición transantártica. La brutal sinceridad del mítico aviso advierte en su texto:

“Se buscan hombres para viaje arriesgado, poco sueldo, frío extremo, largos meses de oscuridad total, peligro constante, regreso a salvo dudoso, honor y reconocimiento en caso de éxito”.

El gesto del artista que representó a Chile en la Bienal de Venecia (2011) trae al presente esa historia, que paradojalmente en esta zona es muy desconocida. Esta obra puede leerse desde diversas aristas, pero lo que nos resulta más importante en Magallanes es cómo por medio de la obra un artista logra poner en circulación una historia entregando espesor y nuevas alternativas a los relatos locales.

Finalmente, hay que recordar que la elaboración de políticas culturales implica una gran responsabilidad al proponer el camino a seguir en los próximos años, debiendo recoger no solo lo ya instalado en la memoria de las personas, sino que estar atentos a los desafíos futuros, que en este austro confín pareciera ser la naturaleza prístina y la Antártica.

 

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[1] En 1947 se inaugura en la Antártica la primera base chilena, Capitán Arturo Prat.

[2] Punta Arenas está a mil kilómetros del continente contra los más de 3.800 kilómetros que separan Christchuch, Nueva Zelanda, de la estación antártica americana Mc Murdo.

[3] Hobbart, Australia, cuenta con la mayor infraestructura científica para investigaciones antárticas. Christchurch, con museos especializados, instituciones para el patrimonio, investigación científica, arte, cultura y educación.

[4] Se considera los resultados de proyectos Fondart como uno de los indicadores del interés de cultores y artistas locales. En justicia, dentro de otras áreas se ve un interés incipiente sobre el tema principalmente gracias a la labor de difusión científica del INACH.

[5] Se define como Subántartica la ecorregión que en Chile corresponde desde el Golfo de Penas hasta el Cabo de Hornos.

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