OC 37 – Entrevista


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Ojo con Nemesio. El maestro espontáneo y sencillo

Entrevista a Claudio di Girolamo, por Amanda Ausensi

“¡Vengan, vengan todos al Museo de Bellas Artes a ver las exposiciones! ¡Entren, no tengan miedo!”. Así partía, en 1990, el primer capítulo de un nuevo Ojo con el arte, con Nemesio Antúnez desde el frontis del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) invitando efusivamente, como buen anfitrión, a recorrer y disfrutar de su casa. El microprograma que desde el invierno de 1969 acompañaba cada semana el noticiero nocturno de Canal 13, con dos minutos de duración aproximadamente, volvía tras largos veinte años fuera del aire, cada sábado por la noche en Televisión Nacional con una extensión incrementada que bordeaba los cuarenta minutos, y esta vez, en horario estelar.

Claudio di Girolamo (89), como él mismo dice, compartió con Nemesio esa suerte de ser testigos y actores de la escena artística chilena, primero como artistas y luego como educadores. Nos recibió amablemente en su casa para conversar sobre Antúnez, sus experiencias compartidas y, particularmente, de la que entonces fue una inédita propuesta de divulgación artística: Ojo con el arte. Coherente con su posición crítica y “extemporánea” frente a la segmentación del conocimiento, que se ha traducido progresivamente en una naturalizada especialización, di Girolamo es reconocido por su carácter multifacético tras incursionar en la escenografía, dramaturgia, dirección, arquitectura y pintura, todos conocimientos que, al igual que Nemesio Antúnez, ha buscado poner a disposición de niños y jóvenes, primero a través de Ojo con el arte y, posteriormente, en la década de los noventa con Bellavista 0990, y en su rol como asesor cultural del Ministerio de Educación.

Di Girolamo, que inicialmente fue director del programa y en su segunda versión participó como co-conductor, describe la realización de este proyecto como una locura, en esta entrevista:

Hacíamos un programa de dos minutos antes del noticiero y ¡en blanco y negro! Nemesio explicaba las obras de Van Gogh, por ejemplo, el color, la textura… todo en blanco y negro, y con imágenes que no son las reproducciones de hoy día, sino que era un libro tomado con una cámara bastante endeble…

Aun así, concluye que los medios sencillos con los que contaban en esos años transmitían muchísimo mejor el sentido y la profundidad de las cosas, pues hoy con todo el aparataje tecnológico se adorna tanto el mensaje que la forma se vuelve más importante.

En un texto que escribió en 1996 titulado “El ojo de Nemesio” di Girolamo realiza una “semblanza de Nemesio Antúnez, tal cual lo conoció”. En este relata cómo se comenzó a gestar el emblemático programa que, con una ineludible sensación de nostalgia por su simpleza y enriquecedora labor educativa, buscamos recordar en estas páginas. En sus palabras, todo empezó cuando junto a Leonardo Cáceres, por ese entonces Director de Prensa de Canal 13, planeaban la realización de un mini programa diario que estuviera inmerso en el noticiero de la noche y abordara las artes plásticas. Para di Girolamo esos eran los tiempos de oro de la televisión chilena, cuando las universidades, propietarias de las estaciones, garantizaban su misión cultural.

Más adelante, en el mismo texto, narra la primera conversación que tuvo con Nemesio al respecto:

El teléfono de la Dirección del Museo de Bellas Artes había
sonado:

— Aquí, de Canal 13, el Director quisiera hablar con don Nemesio Antúnez.
—¿Aló?
— ¡Aló!… Nemesio, habla Claudio di Girolamo, ¿cómo estás?

Hubo un breve intercambio de saludos y después, sin solución de continuidad:

— ¿Te parece que vayamos al grano?

Al otro lado se oyó una carcajada.

—Por Dios, ¡hombre!, qué apuro…
—Bromas aparte; tengo que proponerte algo… ¿Cuándo nos podemos ver?
—¿Es urgente?
—Para nosotros, sí.
—¿Nosotros?
—Sí, para el Canal.
—Me dejaste metido… ¿No me puedes adelantar algo?
—Mira, lo único que te puedo decir por ahora es que no puede ser que dos personas que se dedican a lo mismo, que trabajan en el arte, que están en este momento en puestos de responsabilidad y con los mismos objetivos respecto a la cultura del país, no se pongan de acuerdo para hacer algo en conjunto.
—¿Algo como qué?
—Nemesio, tú eres el director del Museo, yo soy director del Canal 13, tenemos que inventar algo para llevar el arte a la gente en forma más masiva.
—¡Ni una palabra más!… ¿Cuándo nos juntamos?

Al poco andar de ese primer contacto, en 1969, Nemesio Antúnez se adentraba, una vez por semana, en el espacio doméstico de cada casa que sintonizara el canal de la Universidad Católica, para conversar sobre las artes. Coherente con su decisión de dirigir el MNBA para transformar lo que él consideraba un mausoleo en un museo vivo, Antúnez aprovechó esta oportunidad como otro esfuerzo para incrementar la difusión del patrimonio artístico custodiado por aquel espacio y, a su vez, dar cabida a las expresiones que se encontraban afuera de sus muros e incluso más allá de las fronteras del país.

A fin de cuentas, y como explica en el ya mencionado primer capítulo del programa:

Ojo con el arte no es solamente la pintura, es todo. Es la poesía, es la arquitectura, son los novelistas, es el teatro, el baile, es aún el hombre que come fuego. Es todo el arte. Y para mí, director del Museo, tener el privilegio de tener este medio de comunicación en que llego a ustedes desde la Antártida hasta Arica; llego a sus casas con todo lo que pasa, no solo en los museos, también en las galerías de arte, en los talleres de los artistas, en el escritorio del poeta. Y vamos a transmitirles todo lo que pasa, con el mayor entusiasmo y cariño, queremos llegar hasta ustedes y mostrarles lo que es el arte hoy día.

Para Antúnez, se trataba de una maravillosa oportunidad que le permitía explicar las exposiciones e invitar a la gente a visitar su “museo abierto”. De acuerdo al texto de di Girolamo, el programa se instaló como un importante espacio de divulgación y educación artística. Era una instancia innovadora, alternativa a la formalidad de la sala de clases y dirigida para todo aquél que tuviera la inquietud por conocer sobre las artes. Gracias a acciones de mediación como esta Nemesio “logró hacer vivir ese espacio con la presencia de una multitud bulliciosa, sin distinción alguna de clases, confiando en que la capacidad de asombro frente a la belleza podía estar tal vez dormida, pero nunca muerta”.

Conversamos entonces, directamente con Claudio di Girolamo, para indagar sobre este verdadero hito de la televisión cultural en nuestro país.

 

¿En qué radica el éxito que tuvo Ojo con el arte?

Claudio di Girolamo: Pienso que tiene que ver con el diálogo. Lo que convenció y le encantó a la gente fue la sinceridad con la que trató de dialogar, Nemesio hablaba como ellos: “Por qué voy a hablar en difícil si puedo hablar en fácil, sin perder la profundidad y la verdad” solía decir. Nemesio siempre pensó que la gente podía entender todo, que es mucho más inteligente de lo que uno cree. En ocasiones, durante el rodaje, un niño decía “no te entiendo, tata Nemesio no te entiendo” y él volvía a explicar, porque le importaba mucho que le entendieran. La paciencia que tenía Nemesio era increíble. En su texto El ojo de Nemesio, recuerda que:

Tuvo la posibilidad de tener a su lado a personas que tenían la misma sintonía, necesidades y vocación parecidas. Pudo dialogar y aportar su bagaje de sensibilidad, creatividad y experiencia sin trabas de ninguna especie, a la tarea común de construir cultura.

 

¿Qué destacaría con mayor énfasis de la personalidad de Nemesio Antúnez?

C di Girolamo: Algo significativo de Nemesio es que no se le dieron las cosas, él hizo que ocurrieran. En ese sentido, no es de esas personas que han dicho toda su vida “a mí me pasan cosas”, cuando en realidad la vida no pasa a mi lado, yo tengo que agarrarla y transformarla en algo más. Nemesio supo hacer eso y se atrevió, se arriesgó. No sabíamos muy bien qué iba a resultar con Ojo con el arte y en el fondo nos atrevimos. Para mí lo importante de Nemesio es que aceptó el desafío y eso da cuenta incluso de un espíritu increíble, porque cuánta gente dice “si me va mal, yo no puedo echar por la borda toda mi experiencia, mi nombre, mi prestigio…” y a él eso le importó nada.

 

Respecto al conflicto que tenía con la erudición, por su objetivo de hacer fácil lo que suele presentarse en difícil, ¿Qué nos podría contar acerca de su relación con otros artistas chilenos?

C di Girolamo: A Nemesio lo criticaron mucho, sobre todo ciertos curadores, ciertas personas que veían que con su actitud puso en cuestión la erudición versus la cultura. Hay gente que piensa que cuanto más complicada es al momento de expresarse más inteligente es, porque le entienden menos y entonces se siente arriba de los demás… y Nemesio todo lo contrario. Muchos le criticaban que era muy simplista y el defendió siempre su postura. Él eligió un público y logró esa maravilla de encontrar un lenguaje. Por ejemplo, yo estaba presente una vez que entró una familia al Museo Nacional de Bellas Artes y le dijeron “don Nemesio, usted nos convidó el otro día por la pantalla, entonces yo le traje a mis niños y a mi mujer para que lo conozcan”, era una cosa de verdad. En el Taller 99, con sus colegas, evidentemente hablaba de otra manera, sabía ubicarse dónde estaba y quién era el interlocutor. Se adaptaba fácilmente y esa es una de las cualidades que explican el gran maestro que fue.

En El ojo de Nemesio (1996), di Girolamo profundiza más en un conflicto todavía muy presente entre erudición y mediación cultural:

Sé de algunos eruditos que consideraron su intento televisivo como algo menor, sin el rigor debido ni la profundidad necesaria…Respeto su opinión, pero no la comparto en absoluto. Nemesio Antúnez tenía su punto de vista y un estilo propio para comunicarse con los demás: hecho de libre asociación de ideas, de improvisación espontánea, de conceptos sencillos expresados con palabras aún más sencillas. Eligió a conciencia una manera de decir y de enseñar y la siguió contra viento y marea.

En una edición especial realizada por Televisión Nacional de Chile el año 2013, llamada Nemesio acercó el arte a la gente, María de la Luz Savagnac, directora de Ojo con el arte desde que vuelve a producirse en 1990, relata la anecdótica filmación del primer capítulo. En ese entonces, el programa se grababa semanalmente en la casa de Antúnez, pero en aquella ocasión una exposición de José Venturelli le interesaba mucho y quería invitar a la gente al MNBA, directamente. Cuenta Savagnac:

Yo voy y pongo la cámara o en su oficina o en el hall central donde correspondía y [él] dice, “pero cómo se le ocurre, hagámosla desde la vereda y yo voy a gritar en la escalera” y se pone a gritar en las escaleras “vengan, vengan los estoy esperando”. O sea, hacer el loco no le importaba nada, si su objetivo era acercar el arte, se podía parar de cabeza.

Minutos después, en la misma edición, la directora declara que gracias al programa la gente sintió que el arte ya no era algo ajeno: “en esa época las galerías y museos se llenaron de gente, lo del MNBA es un hito [durante] los años que ahí estuvo Nemesio Antúnez y se veía mucho el programa de televisión”.

Por su parte, di Girolamo recuerda, en esta entrevista, la dificultad que representaba para Nemesio trabajar con un libreto. Ceñirse a ciertos tiempos, ideas o preguntas, no le gustaba.

Se enchufaba en una cosa y hasta que no terminaba de dar la idea como él sentía que tenía que entregarla, completa, no la soltaba. Y eso que en televisión los minutos valen oro, pero eso a él no le importaba, “yo quiero dar lo mejor que tengo a la gente y que entienda que le estoy entregando todo, que no me guardo nada”. Era coherente con el público al que se dirigía, personas no acostumbradas a que se les hablara de arte.

Dice que, Nemesio tenía objetivos claros y aún a riesgo de discusiones con el equipo de producción, no quiso transarlos.

Siempre fue persona, no fue personaje, hacía las cosas de verdad y se mostraba con todos sus matices, incluso sin disimular sus malos días; mientras hoy los personajes buscan ser ídolos y la fama no era algo que a Nemesio le interesara.

Así, se mantuvo fiel a su estilo, con la motivación de extender sus conocimientos y su emoción por las artes, a la mayor cantidad de gente posible. Según señala di Girolamo en su texto esto logró hacerlo “no solo por su clara inteligencia y su carisma de comunicador, sino, sobre todo, por su perseverancia y por su entrega a su antiguo e intransanble sueño: hacer del arte y la cultura el eje fundamental del desarrollo de nuestro país…”.

 

Ojo con el arte es lo que actualmente podríamos llamar una gran acción de mediación cultural. ¿Sería posible replicarlo hoy?

C di Girolamo: Yo creo que sí sería posible, hay gente que lo puede hacer muy bien, perfectamente, pero no hay mucho interés de la televisión. Hay personas que podrían lograr esa posibilidad real de que la televisión volviera a ser lo que debería ser, podría transformarse en un medio diferente. Pero pasa que la industria no está en eso y creo que, me atrevo a decirlo con todas sus letras, está equivocada. Es decir, se perdió esa cosa familiar, ya no existe, ahora tenemos al ídolo y todo se ha vuelto más sofisticado. Antes era de verdad, la televisión era realmente un medio de comunicación y no de manipulación. Hoy en día, se dificulta realizar proyectos de manera experimental porque se arriesgan millones de dólares y a la industria le interesan las ganancias, no los contenidos. Uno tiene muy pocas veces en la vida la ocasión de decir o hacer las cosas justas en el momento preciso y en esos años no se arriesgaba nada porque la televisión en Chile estaba recién naciendo, y supimos aprovecharlo.

 

¿Cómo cree entonces que se podría insertar el arte en la televisión actual?

C di Girolamo: Yo creo que primero tiene que existir la necesidad: ¿es necesario el arte para el público de hoy? Muchos pensamos que, aunque quizás no se dé cuenta el público, es importantísimo, de lo contrario, de no hacer nada al respecto, estaríamos cerrando todas las posibilidades de llegar al encuentro del arte. Siempre se pueden encontrar maneras, pero la televisión en esos años era muy distinta. Por ejemplo, a Nemesio le cargaba la palabra “audiencia” o “televidente”, porque son personas las que están ahí. Él tenía esa cosa más cercana de hablarles directamente, y cuando invitaba a un artista al programa, no buscaba “lucirse” como entrevistador, sino que les ofrecía un espacio de verdad, no prisionero, para decir las cosas que quisieran. En el fondo, era otra mirada.

 

¿Cuál considera que es el rol de los artistas en los tiempos actuales?

C di Girolamo: Solo te diré una cosa, que me cuesta mucho que la gente lo entienda realmente: ser un sembrador y no un cosechador. Porque el arte se rige al revés de la lógica del mercado, por la ley de mayor esfuerzo y menor rendimiento, pues va en profundidad, sin dejar ver los caminos. El proceso es muy lento. Se trata de ir calando y sembrando no para ti mismo, sino para el provecho de otros, ellos serán los que cosecharán. Nemesio sembró el diálogo entre el arte y la sociedad. Y para mantener ese diálogo hay que entender que la cultura es lo que tú pienses, es tu cultura y yo tengo que llegar a ella para poder hablar en el mismo idioma, para entendernos, es tan simple como eso. Pero hoy día el arte corre por un carril y la sociedad corre por otro, porque el arte contemporáneo se desligó absolutamente del pueblo. Yo creo que el arte no tiene un discurso que asuma la realidad de hoy, por eso se está alejando. Pienso que Nemesio hizo todo eso desde su taller, desde la sala de clase, desde la pantalla de la TV. Tuvo el don de mostrar sencillamente, de expresar los conceptos más complejos con palabras y gestos entendibles para todos. Recuerdo su alegría al relatarme sus conversaciones con un chofer de taxi, con una dueña de casa o un funcionario público cualquiera que le agradecía el poder entender. Era entonces cuando me decía: “¿Te das cuenta de lo que se podrá hacer cuando tengamos la televisión en colores?”

En la semblanza que Claudio di Girolamo hace de Nemesio Antúnez, más que hablar de educador o mediador, lo describe como un maestro:

“Maestro”, en los albores del Renacimiento italiano, era palabra sagrada, pronunciada con respeto y admiración; no era solamente título de conocimientos adquiridos. Se refería, con mayor propiedad, a la capacidad misteriosa de transmitir claramente y con autoridad visiones de mundo, al traspaso paciente y constante de todo lo aprehendido a otros ojos y a otras mentes, sin presionar ni repetir el saber en forma rutinaria.

El Maestro “mostraba”—eso significa en el fondo enseñar— al discípulo atento sus propias capacidades; le proponía descubrirse, paso tras paso, en su universo interior, en su forma de personal de construirse como ser humano y lo guiaba hacia los otros, los interlocutores, los dialogantes para tejer juntos lazos de más vida a través de la belleza.

 

Una de las cualidades de Nemesio Antúnez era su compromiso como educador o maestro. Hablemos de eso, de la capacidad multifacética del artista y de cómo va derivando a la educación, por su preocupación y necesidad de acercar el arte a la comunidad.

C di Girolamo: Eso es ser fiel a una vocación, entendiendo vocación como un llamado. Llamado con el que yo me puedo hacer el leso durante toda mi vida, pero si no lo sigo me frustro. Nemesio sintió que tenía que enseñar y que no sacaba nada con usufructuar del arte, sino que debía entregarlo a los demás. Porque la vida y la cultura no son una carrera de 100 metros planos, son la carrera de relevo, es decir, yo tengo que entregar el bastón de posta para que alguien continúe. El éxito no es de uno, el éxito es de la sociedad, es de todos. Entonces, uno está para ser parte de un nosotros y entenderse con el otro.

En su texto di Girolamo recuerda: Su partida fue igual a la de un buen trabajador que deja el arado clavado en el surco para que otro lo tome y siga de inmediato con la tarea inconclusa.

 

¿Cómo recuerda hoy a Nemesio Antúnez?

C di Girolamo: Tengo dos imágenes: Nemesio tocando la campana en la puerta del Museo de Bellas Artes, llamando a la gente, y la de su maravilloso choapino con franjas de colores, que era como la carta de ajuste de la antigua televisión, que se puso sobre el féretro en su funeral. Nemesio Antúnez era un tipo de gran corazón, con defectos como todos, pero el corazón lo tenía del porte de una catedral, igual que su capacidad de llamar y convocar, que usó plenamente. Por Ojo con el arte pasaron reconocidos artistas, artesanos, fotógrafos, el señor de los volantines, grafiteros y cineastas. Los cruces entre las bellas artes y el arte popular pasaban desapercibidos porque para Nemesio no había diferencia, ni desventaja. Como director del Bellas Artes y en su faceta de comunicador, quería que la gente conociera y disfrutara del museo, borrando esa imagen de un espacio serio y aburrido.

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