Reseña audiovisual: Habeas Corpus: el cuerpo presente – Lídice Varas

Habeas Corpus
2015
Directores: Claudia Barril, Sebastián Moreno

www.habeascorpus.cl http://educacionenderechos.cl/

Cuando se exhibió Habeas Corpus (Claudia Barril, Sebastián Moreno, 2015) en el último Fidocs, Sebastián Moreno dijo que esta era “una película de documentos, del valor que tiene el archivo”. No dijo que fuera un homenaje a las personas que trabajaron en la Vicaría de la Solidaridad (aunque lo sea), o que fuera un intento por dar a conocer su cara menos conocida (aunque lo haga); Moreno y Barril pusieron por delante el registro —la labor discreta y silenciosa de tomar nota, consignar y preservar—, como foco, y con ello construyeron un documental sobre la obstinación y sus ecos, tanto en su forma como en su contenido.

En Habeas Corpus, la forma es la entrevista como herramienta, la construcción de maquetas y figuritas, los protagonistas sentados frente a una máquina de escribir; estrategias de la ficción para dar voz a la memoria. El contenido, por su parte, está en el documento, en las fotografías, en las imágenes recuperadas y exhibidas de nuevo. Lo que hay entre medio es lo que hace de este un documental potente e inteligente, pues en su aparente ingenuidad y en sus estrategias didácticas, se vela por respetar al que recuerda, siendo igual de sensibles hoy, como lo fueran los profesionales de la Vicaría de la Solidaridad en su momento.

Cuentan los directores, que llegaron a la película haciendo la investigación para La ciudad de los fotógrafos (2006), su anterior trabajo, y que en cuanto vieron esa biblioteca del horror que era el archivo de la Vicaría supieron que tenían el tema y el tono para su próximo documental: la cinta muestra la labor de estos profesionales por organizar, catalogar y preservar la información de las torturas y detenciones que les iba llegando de víctimas o sus familias; cómo de un momento a otro se vieron con un sinfín de relatos que había que cuidar y cómo en esta labor se transformaron en una especie de contrainteligencia de la dictadura.

Barril y Moreno saben manejar la tensión: emulando una reconstrucción policial, interrogan a sus protagonistas (en una mesa, con la luz encima, solos) y los dejan hablar; así, escuchamos a Carmen Hertz, Ramiro Olivares, Javier Luis Egaña, Jaime Esponda y otros profesionales de la Vicaría, recordar y hacer memoria de las actividades cotidianas que realizaban, sorprenderse de lo que hicieron en ese momento y de las implicancias que eso tuvo hasta el día de hoy. Las maquetas también juegan un rol parecido: los soldaditos de plástico, las figuras en acción son escenas del crimen que se contraponen al relato y que hacen que el espectador se vuelva a estremecer con la demencia de algunos y la obstinación de otros por buscar la verdad.

Además de ser un documental, Habeas Corpus impulsa una campaña de educación en derechos humanos, por lo que no hay casualidad en el nombre. Más allá del término jurídico equivalente al recurso de amparo, Habeas Corpus como documento audiovisual recuerda la urgencia de hacer presente y darle materialidad física a los relatos. En momentos donde se discute si construir o no un memorial en recuerdo de Parada, Guerrero y Nattino –asesinados justamente por la labor que Parada hacía para la Vicaría–, o se exige que se acaben los pactos de silencio; traer el cuerpo presente es mucho más que hacer memoria, es ejercer efectos sobre el hoy.

 

Lídice Varas.